El regalo (1964), de Nelson Rodríguez Leyva

El regalo

El regalo

PRÓLOGO
Nelson Rodríguez, ¿alguien recuerda ese nombre? ¿Recoge la Historia ese nombre?
Reinaldo Arenas
Lector: Nelson Rodríguez Leyva (Villa Clara, 19 de julio
de 1943), autor de la colección de cuentos titulada El regalo
(Ediciones R: La Habana, 1964), murió fusilado en los fosos
de La Cabaña (¿1971 o 1972?)1 junto a su amigo y cómplice
Ángel López Rabí (La Habana, 1957), por haber intentado
desviar una nave aérea y lanzado una granada en pleno vuelo,
con la intención de ir, no a Cienfuegos, sino a los Estados
Unidos. Ambos fueron neutralizados por los custodios y la
nave regresó al aeropuerto José Martí. Nelson trató de escapar
del avión pero sufrió heridas serias. Así lo cuenta Reinaldo
Arenas en Antes que anochezca (1992): “las hélices del
avión lo atraparon y durante un año estuvo hospitalizado en
estado de gravedad” (175). Hubo un tercer implicado, Jesús
Castro Villalonga, quien desistió de sumarse al plan a última
hora: “fue condenado a treinta años de cárcel” (175).
1 Casi todas las referencias bibliográficas sobre el fusilamiento de Nelson
Rodríguez Leyva y su amigo, el joven poeta Ángel López Rabí, señalan la
fecha de 1971 como el año en que se produjo. Es decir, en el mismo año en
que los detuvieron tras su frustrado secuestro del avión. Sin embargo, Reinaldo
Arenas (que en sus libros Arturo, la estrella más brillante (1984) y Necesidad
de Libertad (1986) apunta 1971 como fecha de la muerte de estos dos escritores
cubanos) en su libro autobiográfico Antes que anochezca (1992) nos dice: En
cuanto el avión logró aterrizar, Nelson aprovechó la confusión y se lanzó por
el hueco del avión; las hélices lo atraparon y durante un año estuvo hospitalizado
en estado de gravedad. Cuando los médicos de la Seguridad del Estado
lograron curarlo, fue sentenciado a muerte y fusilado, junto a su amigo Ángel
López Rabí, de sólo dieciséis años de edad. (Nota y subrayado del Editor).
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En su ensayo sobre Arenas, Rafael Ocasio se refiere a
ellos y al fracasado secuestro de la aeronave. Cita a Pierre
Golendorf (1977), fotógrafo y periodista francés que cumplió
prisión en el Castillo del Príncipe por aquellos años.
Así pudo conocer a los tres consortes de causa. Basado en
sus conversaciones con ellos, Golendorf le atribuye a Castro
Villalonga la información de que a causa de la explosión
de la granada murió una aeromoza (150-151).
Sin embargo, en el documento Agresiones de Estados
Unidos a Cuba, que incluye datos sobre secuestro de aviones,
se lee lo siguiente: “71/07/11 Muerto el jefe de la unidad
de Cubana de Aviación en Cienfuegos y herida otra
persona cuando se enfrentaron a un grupo terrorista cuyos
integrantes, armados con granadas de mano, intentaron secuestrar,
en pleno vuelo, un avión AN-24 CUT-878. Durante
el forcejeo hizo explosión una de las granadas, ocasionando
las víctimas citadas. El intento de secuestro fue
frustrado”. [Mi énfasis]
El informe Secuestro de aviones relata el mismo hecho y
proporciona los nombres de los dos militares:
1971, julio 11. Resulta muerto Reynaldo Naranjo
Leyva [sic]2, jefe de la unidad de Cubana de Aviación
en Cienfuegos, y herido el teniente José Fernández
Santos, cuando se enfrentaron a un grupo de contrarrevolucionarios,
quienes armados con granadas de
mano intentaron secuestrar, en pleno vuelo, un avión
AN-24 CUT-878. Durante el forcejeo hizo explosión
una de las granadas… [Mi énfasis]
Justamente en la entrada de EcuRed que lleva el nombre
de Naranjo Leyva hallamos una declaración formulada por
2 Su nombre y dos apellidos aparecen escritos de dos maneras: a) Reynaldo
Naranjo Leyva y b) Reinaldo Naranjo Leiva.
17
Miriam Almaguer Sabina, uno de los cuarenta y seis pasajeros
en ese vuelo. Por cierto, los editores de esa página le
cambian el apellido a Nelson, de Rodríguez a López. Según
ella todo comenzó cuando la aeromoza, Dania Valdés Martínez,
había terminado de repartir la merienda y empezaba
a recoger las tazas y los vasos. Cuando se paró al lado del
asiento donde iban Ángel y Nelson, éste trata de agarrarla
por el cuello:
…ella se defiende con la bandeja, lo golpea y forcejea,
no se deja conducir hacia la cabina de los pilotos,
como pretendía el atacante. El agresor, siempre tratando
de sujetar a la azafata, le [sic] grita a los pasajeros:
-Tírense todos al suelo, esto va para Miami… “Sale
entonces el teniente Fernández desde la parte posterior
de la nave aérea, preguntando qué pasa, y cuando
se percata de lo sucedido extrae su arma y conmina al
secuestrador a soltar a la aeromoza, y en un momento
en que ésta logra desprenderse un tanto, el militar
dispara y hiere al hombre en un brazo.
– “Que nadie salga al pasillo -grita ahora Fernández-
al que salga le disparo, porque yo no sé quiénes
son los cómplices. “Los pasajeros se reclinan en sus
asientos, pero yo me mantengo alerta por si puedo
ayudar en algo. Entonces el bandido que agarra a Dania
le grita al otro [Ángel] que estaba sentado a su
lado y que ha permanecido como indeciso: – ¡Tira la
granada! ¡Tírala, que estamos perdidos…!
“Y aquel obedece. Lanza con fuerza el artefacto
explosivo hacia la cola del avión. Con un sonido
sordo rueda por el pasillo hacia el compartimiento
de carga. En ese momento se le interpone Reinaldo
Naranjo, que está de pie al fondo, toma la granada
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entre sus manos, y se tira al piso con ella, apretada
fuertemente sobre su estómago…”
Hasta aquí y, en general, el testimonio de Almaguer Sabina
coincide con el publicado por Arenas. Nótese, sin embargo,
que ella señala a Fernández como el militar que le
dispara y hiere a Ángel, un hecho no destacado por Arenas,
para quien las lesiones sufridas por su amigo fueron causadas
por una de las hélices mientras trataba de alejarse del
avión tan pronto regresaron al aeropuerto José Martí. En su
relato, ella ofrece una versión diferente:
Hubo una explosión terrible, hubo olor a pólvora…
El teniente Fernández también está herido. Esquirlas
de la granada penetran en su cuerpo causándole lesiones
internas, particularmente en el hígado, y la onda
expansiva lo lanza y se le fractura una pierna.
Los daños en el hígado determinarán su muerte
años después… Al fin comienzan a descender en
La Habana. Antes de detenerse completamente en la
pista, bajo un aguacero fortísimo, aún durante el taxeo
del avión, los fallidos secuestradores se lanzan
por la puerta trasera que han abierto. Con sus últimas
fuerzas, y creyendo que están en Miami, el teniente
Fernández dispara sobre los agresores que van en
fuga y acierta a uno. [Mi énfasis]
Por ella no logramos saber quién fue ese “uno” aunque
puede especularse que Nelson haya sido el impactado, en
este caso por segunda vez, pues Arenas, como se ha expresado
antes, sostiene que “durante un año estuvo hospitalizado
de gravedad” (175). Del correspondiente juicio contra Nelson,
Ángel y Jesús sólo se conoce lo manifestado por Eulogio
Naranjo, primo de Reynaldo, quien por cierto menciona a un
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cuarto implicado del cual no se había hablado nunca, asunto
del cual nadie había hecho referencias con anterioridad.
Asistí al juicio por esos hechos, en La Habana. Se
determinó la culpabilidad de los dos autores directos,
que recibieron la pena capital; eran dos reclutas de la
Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), homosexuales;
y de otros dos implicados [¿?], un recluta
de una unidad de tanques, que les dio las granadas, y
un empresario que tenía relaciones con ellos. El recluta
fue sancionado a 30 años de prisión, y a veinte años el
otro… [Mi énfasis]
Históricamente, el terrorismo y la piratería aérea constituyen
delitos severamente castigados en Cuba, mediante
el fusilamiento de los sentenciados. Esta pena se ha aplicado
con bastante frecuencia desde 1959. En este momento
hay una moratoria iniciada en 2003 luego de la ejecución,
por actos calificados de terrorismo, de tres personas (Enrique
Copello Castillo, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge
Luis Martínez Isaac), quienes junto a otros implicados
trataron de apoderarse, con pasajeros y todo, de una de las
lanchas (Baraguá) que hacen sus recorridos diarios en la bahía
de La Habana. En este caso no hubo un solo lesionado
ni fallecido (Causa 17 de 2003 Sala de los Delitos contra la
Seguridad del Estado).
Según Alfonso Serrano Gómez, desde el mismo 1959 “el
Código de Defensa Social fue agravando la previsión de la
pena de muerte a través de diversas leyes: Ley 425, de 7 de
julio de 1959; Ley 923 de 4 de enero de 1961; Ley 988 de 29
de noviembre de 1961; Ley 1098 de 26 de marzo de 1963 y
Ley 1248 de 23 de junio de 1973” (1992). Los códigos penales
de 1979 y 1987 (éste con modificaciones ulteriores), la
mantienen.
20
Capítulo III Sección Primera, artículo 29:
“1. La sanción de muerte es de carácter excepcional,
y sólo se aplica por el tribunal en los casos más
graves de comisión de los delitos para los que se halla
establecida. • 3. La sanción de muerte no puede
imponerse a los menores de 20 años de edad ni a
las mujeres que cometieron el delito estando encinta
o que lo estén al momento de dictarse la sentencia.
• 4. La sanción de muerte se ejecuta por fusilamiento”.
[El énfasis es mío y con ello trato de llamar la
atención sobre el hecho de que basado en este punto,
López Rabí no debió ser pasado por las armas].
En un artículo enfilado contra el libro de Edmundo Desnoes
Los dispositivos en la flor (1981), Arenas señala lo
ocurrido a López Rabí: “un sistema que fusila niños de
quince años”. Es probable que el delito imputado a Nelson
y a sus amigos haya sido radicado como terrorismo y piratería
según la definición que de ambos hace el Código Penal
Cubano.
En una alocución hecha en la Plaza de la Revolución el
seis de octubre de 2001, con motivo del aniversario veinticinco
de la explosión en el aire de un avión en Barbados,
Fidel Castro ofrece detalles sobre el número de secuestros
de aeronaves desde 1959:
La mayor parte…se produjeron entre 1959 y 1973.
Ante el riesgo de que se produjera una catástrofe en
Estados Unidos o en Cuba…el Gobierno de Cuba
tomó la iniciativa de proponer al Gobierno de Estados
Unidos —presidido entonces por Richard Nixon,
con William Rogers como secretario de Estado— un
acuerdo para el tratamiento de los casos de secuestro
21
de aviones y la piratería marítima. La proposición fue
aceptada y se trabajó con premura en la elaboración
de dicho acuerdo, que fue firmado entre los representantes
de ambos gobiernos el 15 de febrero de 1973 y
publicado de inmediato en la prensa de nuestro país,
dándosele amplia divulgación. En ese acuerdo, racional
y bien elaborado, se establecían sanciones fuertes
contra los secuestros de aviones y naves marítimas.
Fue disuasivo. Desde esa fecha, el secuestro de aviones
cubanos disminuyó considerablemente y durante
más de 10 años sólo se registraron en nuestro país
intentos baldíos. (2001)
¿Por qué Nelson, Ángel y Jesús elaboraron un plan de
fuga tan peligroso y de gravísimas consecuencias? ¿Cuáles
fueron las razones que los llevaron a querer irse, con riesgo
de sus vidas y las de los pasajeros que viajaron con ellos
en aquel día de 1971? ¿Por qué se sentían desesperados?
Nunca tendremos las respuestas que necesitamos. Nelson
y Ángel están muertos. Jesús, hasta donde se sabe, no ha
hecho pública su versión de los acontecimientos.
Lo poco que conocemos procede de fuentes secundarias,
como Arenas que fue un testigo excepcional de las
últimas horas de esos muchachos en las calles de La Habana.
Nunca los olvidó. Quizás veía en ellos a tres hombres
insumisos y temerarios, capaces de idear un tipo de acción
para la cual él quizás no se sentía preparado ni física ni
emocionalmente.
Muchos cubanos se han lanzado y siguen echándose al
mar en embarcaciones precarias. Los menos han secuestrado
naves pertenecientes al omnipotente estado. Unos han
llegado a los Estados Unidos, otros han sucumbido en el
intento, ahogados, devorados por la sed y el sol o por los tiburones.
El Estrecho de la Florida es el cementerio marino
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de quién sabe cuántos miles. Algunos fueron arrestados antes
de zarpar, a causa de una delación o de la mala suerte, a
varios los persiguieron y capturaron las naves de la Marina
de Guerra y de las Tropas Guardafronteras. Todos pagaron
con años de cárcel.
Durante mis años de presidio en los ochenta del siglo
pasado coincidí y traté con hombres muy semejantes a Nelson,
Ángel y Jesús. Les llamaban lancheros a quienes habían
optado por la vía marítima. Floro, El padrino, Edmundo,
Angelito, Sergito y miles más cumplían condenas de
diversa gravedad por satisfacer el simple deseo de desembarcar
en la Florida. También hubo casos diametralmente
opuestos. Digamos, quienes hicieron el viaje a revés, es
decir desde los Estados Unidos a Cuba. Se habían ido a
través del puerto de Mariel o emigrado antes de 1980.
La mayoría había dejado atrás a hijos, esposos, padres,
hermanos. Querían volver por el temor de que a lo mejor
nunca se reunirían con ellos. Sin embargo, el gobierno no
les permitía repatriarse. Entonces se decidieron a secuestrar
aviones para aterrizar en La Habana. O se valieron de
embarcaciones para llegar a cualquier puerto de mar. Dos
ejemplos. Un muchacho “invitado” a emigrar por el Mariel
en 1980 mientras estaba ingresado en el Hospital Psiquiátrico
Mazorra. Nostálgico de su casa y de sus padres compró
un boleto de avión y lo desvió a La Habana valiéndose de
un pomo de alcohol y de un encendedor. Lo sentenciaron
a veinte años. El segundo vivía en Puerto Rico hacía una
buena cantidad de tiempo. Decidió retornar y para lograrlo
desvió un avión comercial. Igual pena, veinte años. A ellos
les colgaban el apodo de “pilotos”. Estaban de vuelta, presos,
pero más cerca de sus familiares según alegaban. En ese
contexto, los guardias y los presos políticos repudiaban con
la misma sorna a quienes calificaban de amigos del muerto
y socios del enterrador.
23
En la contraportada de El regalo aparece una mínima ficha
biográfica de Nelson. Aparte de lo ya explicado al inicio
de este prólogo, podemos enterarnos de que había estudiado
en los Maristas, sin aclarar si se trataba de una sucursal en la
antigua provincia de Las Villas o donde aún hoy está la sede
de los Órganos de Instrucción de la Seguridad del Estado en
La Habana. Además se lee que fue “maestro voluntario en la
Sierra en 1960. Trabaja en el aeropuerto José Martí. Prepara
un libro de poemas”. Qué ironía la de su empleo. ¿Qué puesto
ocupó allí? ¿Le vino de esa experiencia la inspiración de
adueñarse de un avión siete años después? ¿Qué pasó entre
aquel período de entusiasmo juvenil de 1960 y posteriormente
el desencanto, la desesperación, la frustración y el suceso
terrible de 1971?
Nelson era homosexual y en el ambiente de la época esa
identidad resultaba suficiente para que alguien -¿Un familiar?
¿Un compañero de trabajo? ¿El Comité de Defensa
de la Revolución (CDR)?, ¿El comité militar de su municipio?-
lo señalara como lacra social. El remedio para las
“desviaciones” ideológicas, religiosas y sexuales consistió
en reclutarlos para el Servicio Militar Obligatorio (SMO)
pero con un destino especialmente cruel: las Unidades Militares
de Ayuda a la Producción (UMAP).
En el ensayo “El diversionismo ideológico del rock, la
moda y los enfermitos”, Ernesto Juan Castellanos cita un
discurso de Fidel Castro pronunciado en 1963 donde éste se
refiere a “la adversa relación entre la Revolución y ciertos
sectores religiosos, sobre todo los Testigos de Jehová, el
Bando Evangélico de Gedeón y la Iglesia Pentecostal, a los
que consideró enemigos de la Revolución” (4-5). Enseguida
reproduce un fragmento largo de ese texto donde Castro
se dedica a expresar sus opiniones sobre otros grupos de
jóvenes cuya conducta le preocupaba y por eso atacaba:
24
Claro, por ahí anda un espécimen, otro subproducto
que nosotros debemos de combatir. Es ese joven que
tiene 16, 17, 15 años, y ni estudia, ni trabaja; entonces,
andan de lumpen, en esquinas, en bares, van a algunos
teatros, y se toman algunas libertades y realizan algunos
libertinajes. […] Claro que no chocan contra la
Revolución como sistema, pero chocan contra la ley, y
de carambola se vuelven contrarrevolucionarios. […]
Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses,
andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos;
algunos de ellos con una guitarrita en actitudes
«elvispreslianas», y que han llevado su libertinaje a
extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia
pública a organizar sus shows feminoides por la libre.
Que no confundan la serenidad de la Revolución
y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades
de la Revolución. Porque nuestra sociedad no puede
darles cabida a esas degeneraciones. […] Estoy seguro
de que independientemente de cualquier teoría
y de las investigaciones de la medicina, entiendo que
hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y de reblandecimiento
en ese problema. Pero todos son parientes:
el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el
«pitusa» [pantalón vaquero: mi explicación]. (5)
Cuando vemos el filme Conducta Impropia (1984), o
leemos Arturo, la estrella más brillante (1984) y Un ciervo
herido (2002) de Félix L. Viera, entendemos perfectamente
porqué Nelson llega a acumular tanta crispación, agonía y
sensación de encierro en una sociedad homofóbica capaz
de estipular leyes y promover exclusiones destinadas a perseguir
y a castigar a miles de gentes como él. Las puertas
para huir a otro sitio estaban cerradas a cal y canto. Volar al
25
exterior a cualquier precio fue la única solución que le vino
a la mente.
No debe sorprender que el ingreso y la estadía en la
UMAP hayan cambiado radicalmente su destino personal y
literario. El libro de poemas anunciado en la contraportada
desapareció. El período que pasó en la UMAP, añadido a
la discriminación homofóbica dominante, tiene que haber
sido insoportable. Castellanos las denomina “unidades de
trabajo duro…donde fueron confinados, sin excusas y en
igualdad de condiciones, miles de homosexuales, religiosos
—sobre todo Testigos de Jehová—, y jóvenes verdaderamente
antisociales. El objetivo era preciso y claro: reeducarlos
hasta «hacerlos hombres» de la nueva sociedad, y cubrir
así aquellas convicciones y «lagunas» sociales, morales
e ideológicas que los habían llevado allí” (17).
Por eso Arenas, que padeció la cárcel, la censura y el
ninguneo, que sí logró exiliarse, lo recuerda insistentemente.
De ahí que lo evoque en al menos tres obras suyas. Le
dedica Arturo, la estrella más brillante (1984): “A Nelson,
en el aire”. En Antes que anochezca escribe sobre Nelson
en dos capítulos: “Mi generación” (114-117) y “Nelson
Rodríguez” (173-176). En éste declara que “…en el exilio,
escribí un poema en el que le [sic] pedía a los dioses que
Nelson permaneciese siempre así, granada en mano, huyendo
de la isla” (175). El poema en cuestión se titula “Si te
llamaras Nelson (A un joven norteamericano)” terminado
en Nueva York el 14 de agosto de 1983: “Si te llamaras Nelson/
estarías ahora intentando salir de tu país/estarías ahora
lanzándote al mar/estarías ahora siendo capturado en pleno
vuelo/estarías ahora siendo capturado antes de que iniciases/
la estampida” (Necesidad de libertad, 1986: 204-206).
En este mismo libro, que reúne una serie de conferencias
y artículos posteriores a 1980 y hasta su muerte, lo incluye
en “La represión (intelectual) en Cuba”: “podría comenzar
26
a hablar de cómo, desde 1963, se crearon en Cuba campos
de concentración [UMAP, Unidades Militares de Ayuda a
la Producción]; adonde fueron a parar gentes como “Nelson
Rodríguez… ¿Alguien recuerda ese nombre? ¿Recoge
la Historia ese nombre?…Nelson Rodríguez era un joven
escritor cubano que ahora [1980] tendría mi edad de no
haber sido porque, luego de haber salido enloquecido de
esos campos de concentración, intentó (oh, hereje) abandonar
por cualquier vía aquel paraíso…Averigüen, indaguen:
Nelson Rodríguez…autor de un libro de cuentos…publicado
por las Ediciones R, dirigidas entonces (brevemente) por
Virgilio Piñera” (43).
Afirma que Nelson escribió otro libro donde “narraba
la situación de los forzados en un campo de trabajo en la
UMAP”. Dice que mereció el elogio privado de Jorge Edwards…”
(224). En Antes que anochezca señala que Nelson
le había pedido que se lo recomendara a su editor en Francia,
lo cual hizo pues entiende que se trataba de “un libro
extraordinario constituido por innumerables viñetas donde
narraba cosas ocurridas en el campo de concentración donde
había estado” (173). Ese manuscrito ha desaparecido
aunque podría conjeturarse que está custodiado en los archivos
de la policía.
Edwards contradice a Arenas en cuanto a la valoración
de la obra: “en alguna tertulia de escritores cubanos, durante
mi primer viaje a La Habana de 1968…Estaba invitado
para participar en el jurado del premio de Casa de las Américas
y me había encontrado con un manuscrito revelador e
inconveniente: un conjunto de relatos sobre la UMAP…eufemismo
para designar campos de concentración destinados
a homosexuales, drogadictos y otras “lacras sociales”. Mis
compañeros de jurado preferían no referirse al manuscrito,
pero había una sensación flotante de incomodidad. Los textos
no estaban demasiado bien escritos y eso impidió que
27
fueran considerados en forma seria para el premio, cosa que
habría constituido un escándalo público mayor” (41-42).
Dicho libro y la situación imperante en el país fueron los
temas de conversación entre Arenas, Nelson y Jesús Castro
Villalonga en el Carmelo de Calzada. Allí se despidieron.
Por supuesto, nunca más volverían a encontrarse porque
dos días después Reinaldo lee la noticia del malogrado secuestro
en el periódico Granma (174-175).
Han pasado cincuenta y un años de la publicación de El
regalo y cuarenta y dos del fusilamiento de Nelson y Ángel.
En este lapso el nombre del primero y los textos de su
opera prima y única han aparecido en dos antologías: “El
regalo” en Cuba: una revolución en marcha. (Selección y
montaje de Francisco Fernández Santos y José Martínez.
París: Cuadernos de Ruedo Ibérico, 1967), y “Cauchemar”
[“Pesadilla”] en Cuba. Nouvelles et contes d’aujourd’hui.
Sélection, traduction, introduction et notes de Liliane Hasson.
París: L’Harmattan, 1985.
El regalo está dedicado a Elena Parente, de quien no hay
más noticia que su nombre y apellido. El diseño es de Santiago
“Chago” Armada. Recoge veinticuatro cuentos breves
muy bien escritos. Por cierto, nada tienen que ver con la
política cultural que ya venía ejecutando el gobierno como
se puede comprobar en el libro Polémicas culturales de los
60 (2006).
El narrador lleva a sus lectores a laberintos fantásticos,
a relatos propios de la ciencia ficción como el firmado por
un tal N. Popiev en el año 2500 (“Anuario”), o un viaje al
centro de la tierra emprendido para llegar a China (“El viaje”);
hace predicciones como la del cambio climático, motivo
por el cual el protagonista se ve forzado a convertirse
en un hombre anfibio en medio de la sexta guerra mundial
(“Repetición”); o aquel personaje que se niega a envejecer
28
durante decenios y siglos para terminar como ejemplar de
muestra en un zoológico (“Almanaques”).
Debido al tono narrativo, la abulia y el desdén del protagonista,
el relato “Día de domingo” presenta similitudes
con Meursault, el personaje creado por Albert Camus para
su novela El extranjero. Quizás uno de los más logrados
es “Pesadilla”, donde el personaje descubre que va muriéndose
hasta vaciarse del todo, una especie de variación
del “Retrato oval” de Edgar Allan Poe. En “No leer”, por
ejemplo, el lector es quien resulta absorbido por el libro
cuyo volumen crece mientras disminuye el del lector reducido
a pura tinta. En “Recuerdos”, el protagonista muerto
construye la narración de su propio funeral, dentro de
una atmósfera al modo de Pedro Páramo de Juan Rulfo.
En “La pelea” se invierte el foco narrativo. Son los
gallos quienes actúan de observadores de las peleas entre
hombres en una valla. “En la escuela” tiene lugar una
metamorfosis de índole kafkiana cuando el director de una
escuela se transforma en un animal feroz. En esa línea se
destaca, igualmente, “Siquis” donde un león es el dueño
del hombre que vive enjaulado. Igual ocurre con “La casa”
cuya construcción y disposición de espacios rompe con los
moldes de la tradición lo cual explica por qué el garaje está
situado a treinta metros de altura.
“Inconformidad” y “La media” son los relatos que mejor
pueden describir el destino ulterior de Nelson Rodríguez
Leyva y de su obra literaria. En el primero, el narrador
asume una actitud irónica de raíz platónica donde
los poetas son denunciados porque “tuvieron la culpa. Ello
comenzó cuando declararon que todo estaba dicho”. A renglón
seguido plantea el dilema de antiguos y nuevos, o sea,
el peso de la tradición en la obra de sus epígonos: “Y ante
esa afirmación, sólo quedaba el recurso de crear. Pero no
29
existe nada que pueda surgir nada sin que tenga algún antecedente”.
Después de varios experimentos concluyeron que se
debía abolir el pasado (la tradición). Por eso quemaron todos
los libros. Resultado, las personas comenzaron a tratar
de comunicarse luego de que les cercenaron sus lenguas.
Nadie se entendía. Se acabaron las guerras.
Obviamente, algunas tesis de este relato ya se han cumplido
en Cuba: se intentó eliminar y deformar el pasado
pre-revolucionario. Ciertos poetas se dedicaron a inventar
nuevas estéticas para adaptarla a los nuevos tiempos. En el
proceso muchos autores y libros fueron excluidos, censurados
y desaparecidos. En lugar de ponerles fin a las guerras,
éstas se multiplicaron y en algunas de ellas hubo bajas entre
los poetas.
En “La media”, la tejedora había terminado solamente
una cuando de repente fallece. ¿Qué hacer con una obra
incompleta? Al protagonista se le ocurren varias soluciones:
cortarse una pierna, intentar usar la única media como
bufanda pero se da cuenta de que en verdad aquello sería
más bien un corsé. Ninguna de esas opciones le parece recomendable,
salvo que tal vez sería conveniente prescindir
de la pieza y echarla a la basura. Sin embargo, el narrador
conserva su prurito de lealtad a la tejedora y admite que
botarla “sería una ofensa a la memoria de Clara”.
Por todo lo apuntado previamente, debemos, lector,
darle otra vez una muy merecida bienvenida a este libro,
cuyos méritos literarios son indudables, al margen de las
consideraciones personales, jurídicas y políticas antes
consideradas. Qué pena que no sepamos nada del libro de
poemas anunciado, ni de los relatos sobre la UMAP apuntados
por Arenas y Edwards. A lo mejor alguien los va a
encontrar y publicar. Esta esperanza tiene que ver con la
30
actitud del protagonista de “Pesadilla”. Invito a todos a que
la adoptemos como tributo a Nelson. En un instante de suprema
angustia, aquel expresa: “Estoy tratando de no morir
del todo, todavía tengo esperanza de que ocurra un milagro.
¿Un milagro? La última y más desesperada oportunidad de
un muerto”. Que esta reedición de Betania haga posible el
comienzo de su resurrección.
Rafael E. Saumell
Sam Houston State University, Texas
Academia Norteamericana de la Lengua Española
En Texas, siempre en Texas, junio de 2015
Rafael E. Saumell. Profesor y escritor cubano. Graduado de la Universidad de La
Habana ( 1978) y de Washington University (1994). En Cuba, trabajó como traductor
de mesa, guionista y director de programas de radio y televisión. Acusado
y condenado por haber escrito relatos contrarrevolucionarios, cumplió presidio
político desde 1981 a 1986. Por este motivo, la edición de su libro La corte del
supremo espectáculo. Historia de la radio y la TV en Cuba fue destruida por
órdenes de la Dirección de la Seguridad del Estado (DSE). Autor de la novela En
Cuba todo el mundo canta (2008) y del libro de ensayo La cárcel letrada. Narrativa
cubana carcelaria (2012). Actualmente ejerce la docencia en Sam Houston
StateEl regalo_p2 Portada Correcciones 23 Julio 2015

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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2 respuestas a El regalo (1964), de Nelson Rodríguez Leyva

  1. Elio Martin Ortega dijo:

    Yo fui compañero de trabajo de Nelson en una dependencia de la entonces “DESA” sita en Avenida de las Misiones poco antes de su intento de fuga y muerte en compañía de su pareja Angelito (preparábamos clases de español él y de matemáticas yo para estudio a distancia de trabajadores de la construcción y Angelito era recluta que hacía el Servicio Militar en una unidad militar próxima a la pista del aeropuerto). Nunca me dijo que había estado en las UMAP. El problema de ambos era el problema de todos ¡QUERÍAMOS IRNOS DE CUBA PARA QUE NOS DEJASEN EN PAZ! Nelson tenía el problema añadido de que era hermano del famoso Rodríguez Leyva que entonces era el principal dirigente de la FEU o de la UJC (no recuerdo bien) y en aquel entonces los familiares de los dirigentes estaban en una lista negra y no podían salir del país). Según me contó, él había logrado sacar un libro que había escrito con unos franceses amigos suyos y estaba desesperado porque en Cuba nunca sería nadie, nunca le dejarían ser escritor. Un día me comento que estaba escribiendo una novela en la que el protagonista huía de Cuba secuestrando un avión (cosa que estaba muy de moda entonces). Yo, ajeno por completo a que lo que estaba escuchando no era ficción, le dije: Pues, yo pienso que ese hombre está loco porque desde que se han puesto “de moda” los secuestros de aviones, todos los aviones cubanos llevan escolta armada en la cabina del piloto y en caso de secuestro, tienen órdenes de evitar el secuestro cueste lo que cueste. Él se quedó pensativo y me dijo: Bueno, pero es sólo una novela y quién sabe… quizás se podría hacer. Pocos días después, al levantarme por la mañana y poner Radio Reloj, escuché la trágica noticia que al principio no relacioné con Nelson porque camuflaron su apellido y no dijeron el suyo (por no “manchar” el nombre de su hermano). Pero al escuchar el nombre y los apellidos de Angelito, ya no tuve la menor duda. Cuando llegué al DESA (Ministerio de la Construcción), Cristina Isasi, la secretaria que nosotros teníamos en Avenida de las Misiones y que era muy chévere y muy amiga nuestra, estaba conversando con unos tipos muy extraños y me llamó. Me informó de lo que había pasado con Nelson y yo le dije lo del apellido. Entonces, uno de esos tipos raros me dijo que si yo sabía algo de lo que estaba planeando Nelson (pero como el que no quiere la cosa) y yo que siempre he sido medio despistado les comenté la conversación que habíamos tenido al respecto. Y este señor (después me enteré que estaba siendo interrogado por altos cargos de la Seguridad cubana) me dijo que cómo era que yo sabía esas cosas (lo de la escolta armada de los pilotos de los aviones). Yo les dije la verdad, que eso lo sabía todo el mundo, que seguramente lo habría leído en algún periódico o cosa así. Después Cristina me dijo que estaban hablando (¿interrogando?) a todos los que habían trabajado con Nelson. La versión que yo recuerdo es que Nelson se había lanzado a la pista con el avión en pleno vuelo cuando se vieron perdidos y había muerto (como es lógico). De Angelito nunca volví a saber nada porque nunca más se habló del asunto en los medios y yo no frecuentaba los mismos sitios que ellos (creo que el parque de la funeraria Rivero de Calzada y K). Sólo sentí mucha pena porque Angelito apenas tendría 16 años, era muy simpático y tenía los ojos verdes y grandes como dos esmeraldas: por su mirada, se veía que era buena gente. Nada de esto hubiera sucedido si Fidel en aquel entonces hubiese dejado salir del país a todo el que quisiese (como lo hace ahora). Ellos jamás fueron terroristas como afirman los sinvergüenzas de ECURED y sencillamente lo único que querían era marcharse del país. En su desesperación cometieron ese acto totalmente irracional. Nelson siempre se reía con mis cosas y me decía que con todas las anécdotas que conocía yo debía dedicarme a escribir. Creo que he leído esta página un poco tarde pero bueno, me alegra saber que por lo menos hay gente que se acuerda de ellos como yo. Algún día se hará justicia y saldrá a la luz toda la verdad sobre estos pobres muchachos cuyo único pecado fue querer ser libres en medio de una férrea dictadura totalitaria dirigida por un psicópata homófobo (sabrá dios por qué razón…)

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