“Sábado triste, domingo feliz”

“Sábado triste, domingo feliz”
Para Yin Pedraza Ginori, Rafael Ortiz “Mañungo” y Carlos Embale
Rafael E. Saumell

Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro

Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro

Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro

El título no es mío sino de Eugenio (Yin) Pedraza Ginori y Rafael Ortiz (Mañungo). Es parte de la letra de “La vida es una semana” compuesta por ellos. Yin trabajó en la TV cubana como guionista y director de programas de TV. Allí nos conocimos a mediados de los setenta del pasado siglo. Mientras leía su blog (http://elblogdepedrazaginori.blogspot.com/) recordé de nuevo la canción prodigiosamente interpretada por Carlos Embale quien merece revivir, según la idea socrática, para que Cuba no se quede sin la voz siempre presente de ese señor.

Sin hacer ningún alarde de muecas ni de gestos ponía a bailar o a llorar, a estremecer de alegría o de pena, en dependencia de lo que cantara, a quienes lo escuchaban. La suya, repito, era una voz tan privilegiada como la de Frank Sinatra pero en clave de guagancó y de son. Como Barbarito Diez, que apenas movía el cuerpo cuando cantaba danzones, sentó cátedra y nadie nunca fue capaz de quitarle el bastón de los géneros que dominó por talento inalcanzable e inimitable. A diferencia de aquel, sí bailaba guaguancó y rumba, pero su genio residió en las cuerdas vocales no en sus piernas. Bendito sea Embale para siempre por esa virtud.

Quería mucho a Mañungo y lo demuestra en “La vida es una semana” cuando pide, durante una actuación del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro en el Festival Adolfo Guzmán grabada en La Habana (1980), lo siguiente: “Mañungo que bueno fuera/ que sin perder tu experiencia/ un milagro de la ciencia/ joven de nuevo te hiciera…”. El tono es sentido y la melodía expresada a la manera de uno de los ruegos mejor cantados del que jamás se haya tenido noticia. Me hace pensar en la prodigiosa ejecución de una soleá.

Según Ecured, que toma los datos del Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2009), Mañungo es originario de Cienfuegos (1908) y falleció en La Habana (1994). Con Pedraza Ginori tiene dos composiciones: “El final no llegará” y “La vida es una semana” (http://www.ecured.cu/index.php/Rafael_Ortiz_Rodriguez). Hay buena información sobre el guitarrista y director del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro.

Por eso no me explico por qué los editores de Ecured son tan tacaños con la biografía y los méritos de Embale, nacido y fallecido en La Habana (1923-1997). En su Diccionario de la música cubana. Biográfico y técnico (La Habana: Letras Cubanas, 1981), Helio Orovio lo presenta como “cantante de son y guaguancó” (132). He escuchado rumores de que hacia el final estaba alcoholizado, convertido casi en un indigente, pedía limosnas en los bares para comprar y tomar ron, recogía colillas de cigarrillos en el piso. El hecho de que haya terminado sus días de ese modo no le quita ninguna gloria ni rebaja sus inmensos aportes a los géneros ya citados y a los que agrego dos más: el bolero y la rumba. Con esas credenciales nadie tiene derecho a tratar de bajarlo del cielo donde debe de estar ahora mismo acompañado de sus grandes amistades cantando en cualquier orquesta que por allá pudiera existir.

Por eso recomiendo con énfasis que los interesados lean el portal Cuba Musical y, sobre todo, la página dedicada a él: “Carlos Embale: caudal generoso curtido en infinidad de sones, guarachas y montunos” (http://cuba-musical.blogspot.com/2010/01/carlos-embale-caudal-generoso-curtido.html).

De ahí cito este párrafo doloroso: “Como un poseso, cubierto por harapos malolientes, la memoria sitiada por la incoherencia y los retazos de viejos sones, deambuló por la zona más turística de la Habana Vieja ante el dolor del pueblo y la indiferencia de las instituciones culturales. Pidiendo limosnas, hasta que fue recluido, se fue apagando el gran sonero. A día de hoy mucha vergüenza sigue haciendo falta en Cuba para evitar que el denigrante final de Carlos Embale, y el de otros muchos cubanos menos conocidos, siga repitiéndose”.

La letra de “La vida es una semana” me hace pensar en el balance personal del tipo que se escucha en “My way” (“A mi manera”, de Paul Anka) y que yo prefiero en la voz de Frank Sinatra. Quien lea estas líneas haga la comparación entre ambas. Si miramos a los ojos de Embale, si prestamos atención a esa suerte de plañido controlado aunque bien sentido que hay en su interpretación de la pieza de Mañungo y Ginori, podrá notar que la única diferencia entre los textos, además de las respectivas letras y la melodía, radica en que la ejecución de Embale es menos dramática y altisonante. No obstante, el resultado es el mismo: son dos obras supremamente ejecutadas que cuentan lo que arriba llamé un balance personal con un matiz picaresco muy típico del son.

A Embale y al Septeto Nacional les salieron de maravilla aquellos minutos de actuación en el Festival Adolfo Guzmán de 1980. Yin Pedraza Ginori fue el director del espectáculo. Las espinelas dedicadas y cantadas a Mañungo y sobre el supuesto episodio de Yateras fueron conmovedoras. Un amigo en el cual confío me hizo la revelación de que los versos fueron escritos por el Yin de punta a cabo. Sin embargo, Embale los interpretó de una manera tal que parecieron inspirados y salidos de su mente justo en los instantes en que sus cuerdas vocales les ponían letras y melodía. Qué modo magistral de dar la impresión de absoluta espontaneidad, de que los homenajes a Mañungo y a los admiradores del cantante en esa zona no habían sido aprendidos ni ensayados: “las mujeres lloraban, los hombres se arrodillaron, pidiéndole [a Embale] que no se fuera, porque en aquella región no había nacido un varón con una voz tan potente, que daba un grito en Oriente y se oía en Bolondrón.” Embale no buscaba darse el crédito perteneciente a otros, sin embargo. Sincero, natural, sí que lo fue.

Por favor, escuchen al maestro en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/results?search_query=la+vida+es+una+semana+carlos+embale

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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2 respuestas a “Sábado triste, domingo feliz”

  1. lobotejano dijo:

    Reblogueó esto en Talebúy comentado:

    Para los admiradores de Carlos Embale.

  2. La vida es una semana aunque a veces parece un minuto que identifica el efímero marcador de la felicidad, o un siglo señalado por la arrogancia de la tristeza. Entre los dos extremos anida todo lo demás, lo que va de los lunes a los viernes y se cristaliza en mayor o menor medida en el segundo efímero o el arrogante siglo. El balance es lo que nos hace el día a día, eso que siempre está ahí y no queremos reconocer, hasta que llegan el poeta y la voz que lo canta a contarnos que no todo son idílicos poemas ni los de los rencores que abonamos, que no todo es tan repetitivo y común, que por aquí pasaron Eugenio (Yin) Pedraza Ginori y Rafael Ortiz “Mañungo” para alertarnos de lo que de verdad sentimos, lo expresaron no solo en las palabras porque ellas estuvieron matizadas de las voces, una de ellas la de Carlos Embale, quien pudo sacudirnos lo sobrante de arenas contaminantes dejándonos solo la raíz del sentimiento, ese que nace del corazón y nos amarra a la tierra, a la vida, con todo y su carga feliz y detestable, la gloriosa del inolvidable verso cantado y la de la derrota deambulando harapiento, hambriento e ignorado.
    El estribillo de la canción contradice la caracterización de uno de los síndromes frecuentes de la psiquiatría moderna, el de la depresión de la tarde del domingo, el momento de la semana con mayor número de suicidios, pero en este ahora lo que nos importa es ese Son que en la voz de Embale nos reta, porque la vida, entre tristeza y felicidad, hay que aprenderla a vivir. Gracias Rafael, maestro de letras de música y de vida, por acercarnos a esta lección de supervivencia.
    JORGE CHAVARRO

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