Armandito Valdivieso es un ciervo herido

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera

Armandito Valdivieso es un ciervo herido
Rafael E. Saumell
Un ciervo herido (Miami, Florida: Eriginal Books LLC, 2011. Digital).
Esta novela de Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945), tiene como protagonista a Armandito Valdivieso. En los sesentas del siglo anterior a este joven provinciano lo denuncian, debido a su conducta social (no revolucionaria), un vecino y un supuesto amigo. A resultas de los informes elaborados contra él y como castigo, los funcionarios locales determinan reclutarlo para que pase el Servicio Militar Obligatorio en las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). El título tiene su origen los Versos sencillos de José Martí: “Mi verso es de un verde claro/Y de un carmín encendido:/Mi verso es un ciervo herido/Que busca en el monte amparo”.
Es decir, la razón por la cual lo alistan a la fuerza y consignan a un campamento de trabajo, como hicieron con otros miles, se debe motivaciones de índole política: su personalidad no calza dentro del formato de ciudadano que el estado emergente quiere modelar. Las virtudes morales e ideológicas que debían reunir los nuevos sujetos fueron explicadas por Ernesto (Che) Guevara de la Serna en su artículo “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965):
“En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma….En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos [se refiere a los padres dirigentes] deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario”.
Por sus hábitos, gustos y opiniones, Armandito califica dentro del grupo de quienes “tienen tendencia a caminar aislados”. De entrada, Valdivieso identifica a uno de los más acosados durante el tiempo histórico de la trama: “A los homosexuales y locas que estuvieron en las Umap; los más inocentes, los más queridos”. Aunque el tono de estas palabras parecería sentimental y paternalista, en rigor no lo es. El gobierno, simplemente, se ensañó con ellos y, por consiguiente, puso énfasis en reprimirlos.
Entonces al igual que media centuria después, la mayoría de los dirigentes de Cuba siguen siendo militares. No obstante, en aquel período temprano se dedicaban con mayor celo a intentar abolir el pasado burgués sin limitarse a las relaciones económicas: también incluían la esfera de la subjetividad de las personas, en particular de aquellas cuya conducta era política y sexualmente indebida. Bajo ese manto cabían las preferencias musicales, la adopción de ciertos estilos de vestir, de calzar, de llevar el pelo, sin dejar de normar por otra parte cuáles eran las aficiones o inclinaciones filosóficas, artísticas y literarias aceptables.
Todo lo que no cuadrara con ese esquema ideológico quedaba sujeto a vigilancia y penitencia. Los desviados retaban y desafiaban, a su juicio, las regulaciones morales trazadas por el machismo castrense que a su vez se inspiraba en una interpretación antagonista de las religiones, de los productos culturales del capitalismo avanzado, especialmente el estadounidense. En resumen, ejercían la autoridad como una responsabilidad que debía acabar con las manifestaciones simbólicas y concretas del ‘ancien régime’. Guevara lo expresa sin rodeos: “Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas”.
A pesar de lo dicho, esa etapa de terror fue por igual paradójica. Era un secreto a voces que dentro de las mismas filas del gobierno había religiosos, homosexuales y lesbianas que ocupaban cargos prominentes. Se salvaban de las purgas y de las exclusiones sin embargo, a causa de que fueron participantes destacados en la insurrección contra el régimen de Batista, se integraron al proceso revolucionario sin renunciar a sus tendencias que mantenían suficientemente tapiadas con la máxima discreción posible, sin alejarse de la cercanía y de la protección del poder.
En aquel ambiente, una de las mejores estrategias de supervivencia radicaba en disimular y hasta enterrar cautelosamente las inclinaciones homoeróticas, disfrazar su gravedad de lastre a cambio de un comportamiento de fervor y de lealtad en pro de la causa. Llevar la contraria implicaba la segregación, el señalamiento negativo, la discriminación más patente y la desaparición del afectado de la escena pública en cualquier entorno: laboral, educacional, artístico-cultural, etc.
La novela comienza, justamente, con la narración de un episodio de escarmiento: “Estaba el Umap en calzoncillos nada más…El Umap que un sargento había puesto contra la cerca era homosexual…lo había sorprendido en el baño dice que masturbándose por detrás (con un palo)…Cállate maricón, que te amarro, para que no puedas ni defenderte…” Sin embargo, ante las protestas de los reclutas, el militar responde: “…cállense bolas de antisociales que van a coger mosquitos todos no me jodan…Y a cada rato de la jefatura cállate maricón…que no dejas dormir a la gente, cacho de rata del enemigo imperialista, vuelve a pararte sangre de yanqui, que el castigo no es acostado…”
Aquí puede notarse hasta qué punto se había politizado la identidad sexual de quienes rechazaban integrarse al proceso. Los tachaban de “antisociales” y “sangre de yanqui”. Cualquiera de esos calificativos bastaba para definir e insultar a los alistados en un batallón de castigo. Obviamente ninguno de ellos había nacido en un laboratorio burgués pero se les trataba como evidencia de los innumerables defectos del mundo sentenciado a desaparecer de la faz de la tierra. Los arrancaban de sus familias sin importarles las repercusiones que ese acto pudiera tener en el reclutado y en su clan doméstico.
Ahora bien, es conveniente subrayar que para el revolucionario ideal concebido por Guevara, entregarse a la revolución implica asimismo alejarse de la familia. La causa exige mucho de sus seguidores. Estar ausente de casa no debe entenderse solo como un correctivo aplicado a los ‘desviados’: para los simpatizantes del gobierno significaba estar ‘movilizado’, esto es, cumpliendo una tarea digna. Constituían una virtud y un noble sacrificio que el orden social demandaba de sus adeptos. Guevara expresa esas convicciones en el artículo de referencia donde puede leerse este otro comentario: “Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella”.
Armandito es huérfano de padre, apenas lleva unos días de casado con Mirian Oro. Su círculo de afectos nada tiene que ver con “los compañeros de Revolución”. Mucho menos abraza y practica el ideario de que “no hay vida fuera de ella”. Para él la vida no está en la revolución sino en el amor y la compañía de la madre, de la esposa y de los amigos elegidos. Ellos no son “compañeros” en el sentido guevariano del término.
Por eso realza muy bien cuáles son las consecuencias de ser extirpado del hogar. Cuando llega al comité militar y se despide de la madre y de la esposa, de inmediato se da cuenta de cuánto va a perder: “Miré atrás y apenas se veía, pero podía sentir el gimiqueo de mi mamá. Me fijé en la silueta de mi mujer y pensé que tal vez me dejaba o por lo menos se ponía a andar con otro porque tenía dieciocho años y ya había probado el sexo y eso era muy rico y quizás yo volvería dentro de veinte años o nunca más”. Luego de ser abandonado por Mirian y de haber muerto la madre, recibe una carta en el campamento de la amiga Monga Alicia de Castro: “…Y tu familia no existe, ni un abuelo, ni un tío tienes, hijo, te has quedado como el hombre más solo del mundo”.
Con absoluta legitimidad uno debe preguntarse en qué tipo de sociedad suceden hechos de la naturaleza descrita, quiénes tienen la potestad para identificar y pedir sanción militar o judicial contra aquellos que tienden “a caminar aislados de la masa que acompañan” (Guevara). La novela nos da el marco extraliterario que necesitamos. En ese instante, el narrador nos muestra cuál es el papel desempeñado por el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) en la trama literaria y en la sociedad.
A nivel de cuadra cuenta con personas encargadas de espiar a los ciudadanos. Stalin Gómez, comunista de la vieja guardia –es decir de antes de 1959– es el ideólogo oficial del vecindario junto a la presidenta del CDR Brisa Jiménez. El primero ocupa el cargo de Responsable de Vigilancia. Se dedica a ser los ojos, los oídos, la lengua y la escritura notarial del estado. Prepara el expediente incriminatorio contra Armandito, lo envía al aparato policial (Departamento Técnico de Investigaciones o DTI) porque considera reprensible la conducta del acusado. Éstas son las faltas enumeradas: “participa a regañadientes en las actividades de limpieza urbana, a veces llega medio borracho y se queja con expresiones inapropiadas (“qué manera de comer mierda”), “llevaba el pelo largo como los enemigos del socialismo”, no acude a las guardias nocturnas, le gusta ir a cabarets sin que se supiera de dónde saca el dinero para financiar esos placeres, pasea en auto acompañado de gentes con “voces afeminadas”: “era revisionista…un penetrado ideológico: se sabía que en su viejo radio escuchaba esa enemiga música en inglés, y más: en su tocadiscos…[oye] a Los Beatles…se había expresado en contra del [ritmo] Mozambique…había constancia de que leía a unos tales Berkeley y Borges, enemigos…debía ser reeducado, en el lugar que la Revolución lo estimara”.
Stalin Gómez no fue el único delator. Proscenio, supuesto amigo de Armandito y de quien está enamorado, sirve de informante al DTI a pesar de los cargos de consciencia que arrastra consigo: “De modo que él, Proscenio, sería un traidor, así se avisaba en el juramento que había firmado cuando se metió, ‘me metieron, Arman, en esta fiesta’…No, contestó Proscenio, él no iría a las Umap, él, maricón a setecientas yardas de distancia, no iría a las Umap: aquí, en la calle, le estaba prestando un servicio a la patria, él, Proscenio, un maricón de veintidós quilates, le era más útil a la Revolución aquí, libre, en la calle, que trancado y vestido de azul entre cuarto cercas de alambres. Ésa era la decisión del DTI, de su oficial”.
Con mayor o menor cautela Stalin y Proscenio operan de acuerdo con el patrón típico de estas sociedades, fuente de la doble moral y de la desconfianza entre las personas. Al respecto, Hannah Arendt ha indicado que “la sociedad secreta de los regímenes totalitarios es la policía secreta…el único saber esotérico que existe es el concerniente a las operaciones policiales y a las condiciones en los campos de concentración” (Los orígenes del totalitarismo, 1951).

Carné Umap

Carné Umap


En “Dossier de un visionario” Víctor Serge corrobora la afirmación de Arendt: “Esa máquina formidable reposa sobre una doble base: una policía secreta todopoderosa, que ha retomado las tradiciones de las cancillerías secretas del fin del siglo XVIII…, y una “orden” –en el sentido clerical del término- burocrática de ejecuciones”.
¿Es el de Armandito un caso aislado? ¿Se trata de una anomalía? ¿De una práctica de abuso de poder generalizado? Por supuesto el caso de Armandito es una muestra individual, alguien que habla por sí y por los demás que ha conocido en las UMAP. Basta con su narrativa para condenar al estado como un impune violador de los derechos humanos.
Peor aún, se demuestra que el estamento judicial no tiene valor, a menos que se le considere como lo que de cierto es, una correa de transmisión que legaliza los actos policiales. La vida de Armandito refuerza la convicción de que el ciudadano está indefenso, que el aparato represor y sus oficiales tienen autoridad para encarcelar o mandar al ejército a quienes no han cometido delito alguno. ¿Qué leyes y qué razones de estado permiten y asisten a las fuerzas armadas para desempeñar y aplicar una función correctiva en contra de miles de ciudadanos?
El viaje de Armandito en tren con destino a las llanuras de la provincia de Camagüey recuerda el relato El largo viaje (1963) de Jorge Semprún. En vagones repletos, asfixiantes y nauseabundos mandaban los nazis a los judíos para los campos de concentración. Armandito observa: “Tres o cuatro vagones más allá se encontraban cerradas (sic) y se oían murmullos. De gentes, no de animales. Sentí que se me erizaban los huevos…Nos mandaron a que nos hiciéramos racimitos y nos fueron poniendo junto a la puerta de cada vagón…Cuando en una parada me asomé vi que el tren en verdad era largo, larguísimo”.
Sin embargo, al contrario de los condenados de Semprún, Armandito no va a un campo de exterminio nazi sino a un campo de trabajo, a la usanza soviética y de acuerdo con la jerga y mentalidad de sus acusadores y jueces, por tratarse de un ‘aislado’. No terminará en el crematorio, no morirá en la horca ni de hambre ni de extenuación. Ha escuchado el nombre UMAP pero esa unidad, como admite él mismo en un monólogo interior, “no consta oficialmente, públicamente, no está escrito en periódicos ni anunciado por emisoras de radio. ¿Serían las Umap como dicen que son…? ¿O son cuentos de la gente?”
En los regímenes de esclavitud legal las víctimas no sobrevivían en secreto. Estaban a la vista de cualquiera: en los servicios domésticos, en las plantaciones y en las encomiendas. El siglo XX hizo lo opuesto: los penados del nazismo, del fascismo y del comunismo fueron sentenciados adicionalmente a la invisibilidad, a ser alojados, por utilizar un eufemismo, en cárceles, en campos de trabajo, en granjas de rehabilitación, en unidades militares, en ejércitos juveniles del trabajo.
Según explican Ángelo Marchese y Joaquín Forradellas en el Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, el eufemismo “es una figura de pensamiento con la que se atenúa o suaviza una palabra que designa algo molesto, crudo, inoportuno. Con frecuencia es una sustitución lingüística debida a las conveniencias sociales que destierran el uso de ciertas palabras, consideradas impronunciables o tabúes” (Séptima edición. Barcelona: Editorial Ariel, S.A., 2000: 155).
A lo previo súmese el hecho de que en los regímenes totalitarios los funcionarios niegan las acusaciones de abusos y de torturas, la auténtica finalidad de las recogidas de ciudadanos, de los arrestos y de las desapariciones. Puesto que por naturaleza intrínseca estos sistemas también controlan los medios de información, los campamentos ni siquiera pueden ser objeto de noticias. Solamente gracias al lenguaje oficioso, a los rumores, a las bolas corridas en voz baja y de oreja a oreja entre dolientes directos e indirectos, nos percatamos de que tales instituciones son reales pues según explica Armandito “se conoce[n] solo por decires”.
En el campamento Armandito escucha la justificación ideológica de las UMAP por boca del jefe político del lugar: “…no era como rumoraba la gente, gente enemiga de la Revolución, enemiga del pueblo…Pero ustedes comprobarán que son patrañas de los enemigos de afuera y de adentro, las Umap no son más que la inversión de fuerza de trabajo en la necesitada provincia de Camagüey…Si algunos envenenaban refiriéndose a campos de trabajo forzado, la única razón que podrían tener era que el trabajo ennoblecía al hombre y la voluntad de éste se tensaba en circunstancias difíciles. ¿Quién podría dudarlo?” Por ese motivo y en un acto adivinatorio, Armandito expone la sospecha de que, si sobrevive, nadie creerá las cosas que pasaron allí: “Esto nunca ocurrió, estoy seguro que responderán, el día que les pregunten, quienes han engendrado este fenómeno en el que nos encontramos hoy”.

Mariela Castro Espín

Mariela Castro Espín

No se equivoca. En años recientes ha habido una ofensiva propagandística con el objetivo de negarles credibilidad a tramas como la de esta novela y a los testimonios recogidos en el filme Conducta impropia (1984) de Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal. Mariela Castro Espín ha sido citada en repetidas oportunidades en las cuales repite estas explicaciones: “…calificó de “mentira” que hayan existido campos de trabajo para homosexuales en la década de 1960. Explicó que los homosexuales y transgénero también debían realizar el servicio militar obligatorio. Como era un momento complejo de agresiones permanentes de los Estados Unidos en la década del 60 (…), el servicio militar se aprovechaba para apoyar los procesos, se llamaban unidades militares de apoyo a la producción”, afirmó. Indicó de todas formas que éstos eran separados cuando realizaban su servicio militar y que allí se reproducían las actitudes homófobas de la sociedad. Todos los jóvenes debían cumplir servicio. Y dentro había distintas unidades. Había el pelotón de los homosexuales, el pelotón de los religiosos. Y (…) en algunos casos había jefes de unidades muy homófobos, con actitudes desagradables, y otros no tenían esos problemas y se integraban bien a las unidades militares. Las mismas actitudes homófobas de la sociedad cubana se reproducían en esas unidades militares” (Diario de Cuba: http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1376685399_4671.html).
En una de las cartas enviadas a la madre, Armandito señala: “Podría escribir sobre esto: ¿en nombre de qué, Madre, unos hombres pueden encerrar a otros? ¿qué atributos podrían poseer unos hombres para diagnosticar cuáles otros de su especie son buenos o malos? Mas no, no daré en escribir con odio cuando evoco a éstos –cabos Umap, soldados, sargentos políticos, tenientes-. No son ellos tan culpables. Creían en eso. Eran también las víctimas de una época”.
Asimismo le cuenta: “…de los religiosos, de todo: adventistas, bautistas, evangelistas, católicos, testigos de Jehová…Los traen a formación de reata, amarrados entre sí mediante una soga de pescuezo a pescuezo, y se niegan a hacer la formación…los halan a las colas de las carretas cuando éstas parten hacia los sitios de trabajo, los tienen cuarenta y ocho horas sin comer…Unos grandes cojones llenos de fe en Dios o tal fe en Dios que les agiganta los cojones”.
De los homosexuales opina: “De todos, los que menos comprendo que estén aquí son los homosexuales, Mamá. Cada cual debe ser libre de hacer con su alma, cuerpo y culo lo que quiera…Si quieres los religiosos, o lo pretendientes a la vagancia, o los borrachoides, asumen un plante que, tajado con la mano férrea de un sistema político unilineal, cuece un paro ideológico en contra del “esplendor económico”, pero un homosexual, ¿qué daño hace?, ¿verdad?”.
Si las declaraciones de Castro Espín son textuales, en nada contradicen ni a Conducta impropia ni a Un ciervo herido. Admite la veracidad del nombre de las unidades donde segregaban y maltrataban a los homosexuales y a los religiosos. ¿No se percata de que está corroborando lo denunciado por la película y la novela citadas? Se trata de un esfuerzo inútil por taponar el pasado con una retórica que no logra cuestionar ni la credibilidad del personaje Armandito ni a los testimoniantes del largometraje.
En contestación a la funcionaria, Viera publicó unas aclaraciones en la revista Newsweek en español: “…ella, en una y otra latitud, ha edulcorado la existencia de aquellos campos de trabajo forzado, las UMAP, a los que fueron llevados religiosos de distintas filiaciones, hombres sin oficio determinado, “apáticos al proceso revolucionario” y homosexuales, entre otros. Para ello remito a las seis partes de una serie testimonial que publiqué sobre el caso en el diario digital Cubaencuentro, en otros textos al respecto que di a conocer en la misma publicación y otros en el blog Gaspar, El lugareño. Asimismo, en 2002 publiqué la novela de mi autoría Un ciervo herido, cuyo argumento se desarrolla en las UMAP” (http://www.newsweek.mx/index.php/articulo/5993#.UuwEjrHnaUk).
Castro Espín intenta justificar a los encargados de las UMAP: “en algunos casos había jefes de unidades muy homófobos, con actitudes desagradables”. Un renglón después insiste en ampliar esa defensa: lo acontecido con los homosexuales y religiosos no es culpa de funcionarios sino de construcciones socio-históricas que en cualquier país se habrían manifestado como patriarcalismo y anticlericalismo. De esa fatalidad incontrolable no escaparon los dirigentes de la revolución: “”Las mismas actitudes homófobas de la sociedad cubana se reproducían en esas unidades militares” (Diario de Cuba).
En el “Anexo” la novela toca la médula de este asunto: ¿quiénes son los responsables inmediatos y los autores intelectuales de aquello?; ¿se debe olvidar ese episodio? Esta sección empieza como termina: hay un diálogo entre un investigador/escritor en busca datos de primera mano sobre la UMAP que le hace preguntas al ex jefe de la unidad donde primero estuvo. Aclara éste “-Yo cumplía órdenes…Entrar por el carril a la lacra social, a los que anteponían cualquier cosa a la Revolución…su mariconería o una botella de ron o su dios o el relajo con las mujeres o cualquier otra jodedera, a la Revolución”.
Dentro de esa misma vena el entrevistador/escritor despliega un notable dominio de la prudencia y de la doblez tal y como exige el tratamiento de un aspecto espinoso desde Cuba, física y políticamente hablando. Así lo subraya para que el antiguo oficial no entre en sospechas ni se produzca la desconfianza del guardia jubilado sobre los reales fines de la conversación con el escritor: “-Claro, las instrucciones que me dio el Partido fueron ésas: yo le pregunto desde el punto de vista de enemigo de la Revolución; si no, el libro no saldría como debe ser: bien sincero, ¿correcto?”. El entrevistado no esconde su alivio al escuchar el punto de vista con que se abordará el tema: “-Me alegra que lo de la Umap lo saquen de la sombra, ¿por qué ocultar eso? Como si fuera un pecado”.
Con suprema ironía, el escritor le dice: “Era una orientación del Partido; ahora es otra”, una declaración que podría interpretarse como parte del plan para hacer la novela y la trama que tiene que inventarse el autor para ser creíble ante los ojos y las suspicacias razonables del militar que hasta el final se mantiene orgulloso de su actuación hace unas décadas, es decir de haber cumplido con celo las orientaciones de los superiores.
En Texas, siempre en Texas, febrero de 2014.

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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2 respuestas a Armandito Valdivieso es un ciervo herido

  1. Un renglón después insiste en ampliar esa defensa: lo acontecido con los homosexuales y religiosos no es culpa de funcionarios sino de construcciones socio-históricas que en cualquier país se habrían manifestado como patriarcalismo y anticlericalismo. De esa fatalidad incontrolable no escaparon los dirigentes de la revolución: “”Las mismas actitudes homófobas de la sociedad cubana se reproducían en esas unidades militares” (Diario de Cuba).

    Excelente ejemplo de la manera en que el que victimiza al otro desplaza su responsabilidad a los demás.

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