“De los vivos y de los muertos.”

Cárcel de Guanajay

Cárcel de Guanajay


“De los vivos y de los muertos”
“Finalmente, le condenaron, prácticamente sin haberle juzgado…” (Konstantín Simonov. De los vivos y de los muertos. Traducido del ruso por José Vento Molina. Moscú: Editorial Progreso, 1959: 115).

Salvo la llamada “generación del centenario”, es decir, quienes participaron o estuvieron relacionados con el asalto al Cuartel Moncada (1953), los contemporáneos que lo trataron y, finalmente, los defendidos por él, políticos y comunes, o sus compañeros de prisión cuando fue dejado caer en desgracia (1983), no creo que haya mucha gente enterada de quién fue el abogado Aramís Taboada González (1924-1985).
Murió en olor de desgracia en la Sala de Penados del Hospital Covadonga –hoy Salvador Allende-. Las versiones de quienes estuvieron al tanto de su fallecimiento apuntan a que la causa directa se debió a un infarto mientras esperaba ser operado de cáncer en la próstata. A las autoridades de la penitenciaría y a los oficiales del Departamento de Seguridad del Estado (DSE), les había pedido e incluso exigido que lo remitieran al Hospital Hermanos Ameijeiras. La razón médica para justificar aquella solicitud estaba apoyada por un argumento a la vez simple e incuestionable: era la mejor institución clínico-quirúrgica del país. Ante la tozudez de los funcionarios, que llegaron a cuestionar el porqué de su exigencia, les respondió: “Por los motivos que ya les expliqué antes y, por si no lo saben, fui el abogado defensor de todos ellos.”
¿Por qué estaba preso el Dr. Taboada? ¿Qué vínculos personales y políticos tenía con los funcionarios del gobierno? ¿Qué clase de persona y de letrado fue? ¿Por qué en estos momentos trato de rescatarlo de entre los muertos a través de estas líneas? Hace unos meses, el ex recluso Alfredo A. Ballester publicó un libro dedicado a este hombre: Dr. Aramís Taboada González. Escritos, poesías y testimonios. Prólogo de Mercedes Eleine González (Miami, Fl.: Publicaciones Entre Líneas, Editorial Voces de Hoy, 2013). El título se explica por sí mismo. No es una investigación histórica, tampoco una biografía. Sencillamente se trata del homenaje hecho a un antiguo compañero de la Cárcel de Guanajay entre los años 1983 y 1985.
Ballester reúne a un número de testigos de la vida de Taboada para convertirlos en narradores que describen sucesos, anécdotas, cualidades y defectos de la persona focalizada en los distintos relatos. Estas confluencias de destinos en diferentes épocas y sitios hacen posible que se cree la trama llamada Aramís Taboada, el protagonista de sus atinos y desatinos. Unos fueron compañeros de estudio y de profesión, otros lo trataron en el ámbito político, el resto compartió con él las innumerables penurias de la experiencia carcelaria. Con estos procedimientos Ballester construye así a un individuo cuya vida pública, privada y hasta parte de su obra literaria ha regresado del pasado para instalarse en el presente siempre implícito en cualquier acto de lectura.
De Ballester y de su trayectoria como ex recluso aprendemos, indirectamente, a través de Memorias de Abecedario. Ex condenado a muerte y presidiario en Cuba (Miami, Fl.: Editorial Voces de Hoy, 2011). Tanto aquí, como en el caso de Taboada, Ballester ejerce varias tareas: rescatista de causas perdidas o ignoradas, albacea, editor, seleccionador y promotor de las memorias de amigos de presidio.
El libro tiene siete capítulos que, luego de una primera lectura, parecerían dispares o incongruentes si no se tomaran en consideración los factores que recién he mencionado. Se mezclan poemarios de Taboada, con los de su hijo radicado en La Habana (Amílcar Aramís), con versos del anteriormente citado “Abecedario”, con otros firmados por Ballester, más los testimonios de antiguos colegas y amistades, y finalmente con datos tomados de internet y de la prensa periódica. Como tampoco puede faltar en un libro de esta naturaleza, Ballester reproduce las versiones falsas que circulan dentro y fuera de Cuba acerca de la forma en que murió el abogado quien además fue su mentor jurídico cuando, insisto, los dos se conocieron en Guanajay donde cumplieron parte de sus respectivas sentencias.
En la Introducción Ballester señala el impacto que tuvo el ingreso de Taboada a Guanajay: “…algunos gritaron: Ahí va el abogado de Fidel Castro y ahora lo mete preso, ¡tronco de hijo’puta!”. Su colega de bufete, Pablo Llabre Raurell, aclara a qué se debió el arresto: “En febrero 1983 [sic], Aramís fue detenido en su domicilio, acusado del delito de cohecho. Se radicó una causa por corrupción en la que fueron acusados varios jueces y abogados. Según la fiscalía, Taboada hacía regalos a miembros del poder judicial…para obtener beneficios en favor de sus defendidos. El tribunal lo encontró culpable y le impuso una sanción de 13 años de privación de libertad” (110-112).
En la década del cuarenta del pasado siglo, Taboada se había graduado de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. En ese período fue electo presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) por dicha facultad. Allí trabó amistad con un condiscípulo, Fidel Castro. Llabre Raurell ofrece otros detalles sobre Taboada: estuvo ligado a personas que después de 1959 ocuparon responsabilidades prominentes en el gobierno: Baudilio Castellanos, Alfredo Esquivel, Justo Fuentes, Santiago Touriño, Alfredo Guevara, etc. Antes de 1959 fue letrado defensor de Abel Santamaría, Antonio “Ñico” López y Gerardo Abreu Fontán, por citar pocos ejemplos.
Durante nuestras frecuentes conversaciones en Guanajay, supe por Taboada que cuando Castro fue sentenciado por los hechos del Cuartel Moncada (1953), en compañía de otros solicitó al Cardenal Manuel Arteaga para que se comunicara con Fulgencio Batista de modo que cesaran los asesinatos, las torturas y los abusos cometidos contra los seguidores de su antiguo compañero de estudios. También pidió al Colegio de Abogados que le pasaran una pensión al hijo (Fidel A. Castro Díaz-Balart) de su amigo mientras éste permaneciera encarcelado. Representó a Castro cuando sus indiscreciones facilitaron que alguien cruzara las cartas dirigidas a su esposa Mirta Díaz-Balart y a su amante Naty Revueltas. Mario Mencía en La prisión fecunda (La Habana: Editora Política, 1980) cita a Taboada como uno de los firmantes de la Apelación Pública (24 de febrero de 1955) donde se valora la situación política del país y se manifiesta a favor de concederles amnistía a los implicados en el asalto a la guarnición de Santiago de Cuba (204-206).
Luis Conte Agüero, ex amigo y ex colaborador de Castro, “traidor a la revolución” de acuerdo con Mencía (63 y 157), recuerda a Taboada en estos términos: “…trajo nombre de mosquetero y fue mosquetero y caballero…Agradezco que como Presidente de los Estudiantes de la Escuela de Derecho, votó por mí cuando siendo Presidente de la Escuela de Filosofía y Letras, aspiré a presidente de la FEU en circunstancias de riesgo” (130).
Por medio de una de su secretaria, Gilda Martínez, nos enteramos de que era “el único abogado que tenía pantalones [luego de 1959]…porque cuando nadie se atrevía ir a defender a un recluso en los Tribunales Revolucionarios número uno, él lo hacía arriesgándose a quedar detenido en el propio Tribunal… [Castro] nunca le perdonó no haber aceptado un puesto en su dictadura…” (149-151). Virgilio Morales, esposo de Gilda, se refiere al cargo de Ministro de Justicia que Castro le habría ofrecido a Taboada al morir Alfredo Yabur Maluf (1920-1973), quien lo había sido desde los inicios de la revolución. Según Morales, Taboada y Castro conversaron durante el velorio. Cuando le preguntaron qué le había respondido al ofrecimiento del comandante comentó: “Si no lo acepté la primera vez, en esta ocasión tampoco lo acepto” (141).
Ricardo Bofill Pagés destaca la participación de Taboada en las tareas del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (1976): “por su conducto, conseguimos que fueran extraídos, indirectamente, expedientes completos del Registro Penal del Ministerio de Justicia, que contenían los casos de ciudadanos que habían sido condenados a muerte y fusilados” (146).
Hasta aquí he recogido una parte del pedigrí político y profesional de Taboada que Ballester muestra a través los testimonios que pudo recoger. Ahora quiero entrar en el lado no público. ¿Qué clase de persona era él más allá de sus actividades políticas? Gustavo Galo Herrera hace una valoración de su labor poética: “Aramís tan inteligente como simpático…de simple aficionado a los versos, llegó a ser un hábil poeta erótico” (122). Julio Ferreira Mora anota que “era un hombre de clase, culto y educado” (123). Morales aclara “que Aramís tenía una larga lista de amantes”, que hubo una señora llamada “Moravia con quien tuvo su primera hija nombrada Yamilé [aunque] solo vivieron en concubinato” (133). Gilda narra la anécdota de la cita que le hiciera Taboada en el bufete un día a las once de la noche. Al darse cuenta de las intenciones reales de su jefe, le dijo: “si nunca te han dado un escándalo, voy a ser la primera en hacerlo” (134). Ballester añade otra revelación hecha por Gilda: “…todos los 31 de diciembre se acostaba, para hacerse una limpieza, con una mujer de color negro…en una ocasión era tan prieta que para verla en la oscuridad tuvo que decirle que se riera” (135). Casi al final de su testimonio ella subraya: “a mis diecisiete años, Dios me dio la dicha de conocer y compartir con un gran hombre, buen padre, incondicional para sus amigos, con una gran capacidad intelectual y una inteligencia sobrenatural, con un gran corazón… (151).
Orlando “Landy” González Alfonso, ex defendido y luego compañero de prisión de su antiguo letrado menciona que “Aramís se adaptó a la vida carcelaria, al punto, que los abakuás querían jurarlo en el juego Bongorí” (133). Al arribar a Guanajay los guardias intentaron humillarlo al pedirle que se desnudara para ser registrado antes de mandarlo al interior penal. Landy estuvo presente en ese momento: “Al desnudarlo el señor [Taboada] trató de tapar sus partes íntimas pero el oficial de guardia Bencomo se las arrebató. Todos los guardias rieron al notar que a aquel preso le preocupaba más su pudor que sus pertenencias. Volvieron a reír cuando el oficial Raúl Martín Loy le comentó: ‘aquí no comemos carroña’” (115).
Por aquella fecha estaba casado con la señora llamada Clotilde Fernández a quien Ballester no pudo localizar mientras organizaba este libro. Tuvo dos pequeños hijos con ella: Aramís y Clotilde. Cuando se supo en la prisión que había dejado de existir, un grupo de presidiarios le escribió una nota de pésame a la viuda. René Gómez Manzano y Félix Pena afirman que ella “hizo cuanto pudo por salvarlo, incluyendo el hacerle llegar medicamentos a través de prisioneros comunes…” (158). Su hijo Amílcar Aramís, con la actriz Argentina Estévez, dice que su padre “fue casi un fantasma en mi vida…Sí que es cierta la significativa cantidad de amantes que Aramís tuvo durante su carrera por la vida…Escuché sobre eso muchas veces” (153).
En una de las últimas conversaciones que sostuvimos en su celda del Pabellón C (altos) en Guanajay, Taboada me dio a leer una carta que le había escrito a Castro donde le recordaba cuánto habían vivido juntos como camaradas desde los tiempos remotos de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Me enseñó una pequeña foto en blanco y negro donde aparecen los dos retratados frente a uno de los edificios de aquella institución. Por entonces yo había acabado de leer de Konstantín Simonov su novela Nadie es soldado al nacer (Moscú: Editorial Progreso, 1964). Allí el general Serpilin, luego de entrevistarse con Stalin, concluyó que tratándose de quejas por abusos de poder, encarcelamiento y fusilamientos, no había nadie a quien quejarse en la Unión Soviética. El lamentable final de Taboada confirma que ese razonamiento es también válido para Castro y para Cuba. Se alega que cuando la carta del ex condiscípulo y ex amigo llegó a las manos del comandante, éste habría dicho: “Díganle a Aramís que cumpla cuanto pueda”.
En Texas, siempre en Texas, septiembre de 2013.

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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12 respuestas a “De los vivos y de los muertos.”

  1. Pingback: “De los vivos y de los muertos.” | Talebú

  2. En realidad es un escrito con “todas la de dar”. Agradezco infinitamente el análisis hecho para poder redactar este artículo que destaca una vez más tu profesionalismo en el arte de escribir. Pero lo mas importante, aunque soy el autor del libro, eres uno de los mas cercanos testigos de la verdad de Aramís Taboada, sin destacar el coprotagonismo y prologuista del libro Memorias de Abecedario ( ex condenado a muerte y presidiario en Cuba) en el cual, sin duda de nadie, embelleces y abres las puertas para entrar en el tema del libro con mucho acierto, seguridad y pleno dominio de tu exposición. No puedo dejar de mencionar tu comentario sobre Aramís Taboada que aparece en la pagina 118 encabezado asi : ” LA SENTENCIA DE MI MUERTE LEYÓ EL ALCAIDE LLORANDO” ( de los ” Versos sencillos” de José Martí), tomado del libro ” En Cuba todo el Mundo Canta” capítulo III , editorial BETANIA 2008, de tu autoría ( Rafael E. Saumell).
    Gracias , una vez más, por contribuir a que nuestra Historia no quede sepultada en el silencio del olvido.

    Alfredo A. Ballester.

  3. Excelente texto. Un placer leerlo.

  4. Dr. Pablo LLabre Raurell dijo:

    Durante su breve paso por el mundo terrenal, Aramis Taboada mantuvo un elevado concepto de la amistad. Y es precisamente la amistad una de las caracteristicas mediante la cual se puede observar lo esencial del ser humano, lo que los ojos no ven, lo que las manos no palpan, lo que solo el corazon sabe. Su inesperado fallecimiento – en octubre de 1985- enluto la Clase Togada de Cuba. Dr. Pablo LLabre Raurell ( amigo y colega de Aramis Taboada)

  5. José Prats Sariol dijo:

    Y todavía hay intelectuales y académicos del exilio que por un aplauso habanero cierran los ojos ante los crímenes… Dura crónica. Necesaria aunque terrible. José Prats Sariol

  6. Aun queda mucha historia escondida y atrapada por el silencio del olvido y doy gracias a todos aquellos que una vez mas logran sacarla a la luz, no importa quien la crea o no, o piense en exageraciones. Soy el autor de este libro donde Saumell hace un análisis y explicación de una verdad de la cual él y yo fuimos coprotagonistas de los últimos tiempos de ese abogado ( Aramís Taboada) que es un ícono de la justicia. Quien defendió a los revolucionarios tras el golpe de Estado de 1952, pero que no vaciló en defender tambien a los derrotados cuando en 1959 tomó el poder Fidel Castro, quien no se lo perdonó nunca áun siendo su amigo desde la juventud, como no perdonó tampoco no aceptar algún alto puesto en el gobierno y crear una Comisión de Derechos Humanos. Por eso cuando alguien le pidió a Fidel que Aramís estaba con cáncer eN la próstata y varios infartos cardiacos me mando a decir : ” DILE DE MI PARTE QUE CUMPLA TODO EL TIEMPO QUE EL PUEDA”

  7. Su primera esposa se llamaba Angela Lima. Con ella no pudo tener hijos . Y es cierto todo esto pura verdad!!

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