Solicitud de canonización de Nina Lugovskaya

Nina Lugovskaya

Nina Lugovskaya

“Por tanto, / habiendo sido humillada, /ofendida, vilipendiada, /postergada y vejada; /habiendo sido configurada en esa extraña latitud/que es ser muerta en vida, /yo, / Rosa Cagí, /en pleno disfrute de mis facultades mentales, /pido humildemente ser canonizada como santa laica/con derecho a figurar en los altares del horror.”

Virgilio Piñera (“Solicitud de canonización de Rosa Cagí”)

 

Estoy casi seguro de haber escuchado el comentario a raíz del arresto de René Ariza (La Habana 1940-San Francisco, California 1994): “Yo nunca voy a escribir nada que pueda traerme líos”. El rumor acerca de lo ocurrido a Ariza consistía en decir que él había intentado sacar de Cuba unos relatos con la ayuda de un extranjero que se puso nervioso por el contenido del encargo y allí en el aeropuerto, justo antes de partir, los entregó a la policía.

Ahora, unos cuarenta años más tarde, recuerdo el incidente justamente cuando me dispongo a opinar sobre un libro que acabo de leer: Nina Lugovskaya. I Want to Live. The Diary of a Young Girl in Stalin’s Russia. With an Introduction by Anne Fine. English Translation by Andrew Bromfield. New York: Houghton Mifflin Company, 2006). Hay una edición en español: El diario de Nina. Traducción: Helena Aguilá y Manel Martí Viudes (Barcelona: Ediciones El Aleph, 2006).

Hoy podemos hacerlo gracias al “desmerengamiento” de la Unión Soviética (1991) y a la investigación hecha por Irina Osipova, una activista por los derechos humanos, según indica “A Note on This Edition”. Mientras hurgaba en los expedientes guardados en los archivos de la KGB sobre casos de opositores al régimen, dio con el de Sergei Rybin que contenía por demás el diario de su hija Nina. Textualmente señala: “Fue un raro hallazgo porque, usualmente, todos los diarios y cartas confiscadas durante los arrestos eran destruidos luego, con la excepción de unos pocos que podían servir como pruebas del delito cometido”. [Mi traducción] Una narrativa privada que, sucesivamente, pasa de ese estado original al de documento público como evidencia suficiente para incriminar a la autora en un proceso judicial. De ahí, con los cambios traídos por la historia y la política, renace como relato sobre la vida cotidiana de una adolescente a la cual le tocó vivir el período fundacional y estalinista de la primera nación supuestamente regida por obreros y campesinos.

Antes de entrar en el tema de Nina debo compartir una idea que se me acaba de ocurrir. Quizás ésa sea la razón que me lleva a asociar a Ariza con Lugovskaya: ambos pagaron con presidio por sus letras aunque por razones severamente extraliterarias, digamos “contrarrevolucionarias” en el más estricto sentido que ese calificativo tiene bajo un régimen totalitario: ergo, el de Stalin y el de quien ha sido su epígono en Cuba. Hubo un tiempo en el cual la expresión “diversionismo ideológico” estuvo de moda. Luego inventaron una terminología distinta (Propaganda Enemiga) explicada en las ediciones de 1979 y de 1987, en ese orden artículos 108 y 103, bajo el CAPÍTULO II. DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD INTERIOR DEL ESTADO según la Gaceta Oficial de la República de Cuba:

SECCION QUINTA: Propaganda Enemiga

ARTICULO 103.1. – Incurre en sanción de privación de libertad de uno a ocho años el que:
a) incite contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista, mediante la propaganda oral o escrita o en cualquier otra forma;
b) confeccione, distribuya o posea propaganda del carácter mencionado en el inciso anterior.
2. El que difunda noticias falsas o predicciones maliciosas tendentes a causar alarma o descontento en la población, o desorden público, incurre en sanción de privación de libertad de uno a cuatro años.
3. Si, para la ejecución de los hechos previstos en los apartados anteriores, se utilizan medios de difusión masiva, la sanción es de privación de libertad de siete a quince años.
4. El que permita la utilización de los medios de difusión masiva a que se refiere el apartado anterior, incurre en sanción de privación de libertad de uno a cuatro años.

Uno pensaría que el uso del término propaganda implica difusión como lo aclara el DRAE: “1. f. Acción o efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores.” Sin embargo, hay un verbo en el inciso b que castiga a quien la ‘confeccione’. Es decir, no hace falta que el texto circule públicamente (‘distribuya’), afecta también a quien la ‘posea’. Hago una observación adicional. ¿Quién decide que el contenido sea ‘propaganda enemiga’? El lector policial y el tribunal que le sirve de respaldo judicial.

El Código Penal de la Unión Soviética (1934) aplicado a Nina Lugovskaya y referente del cubano actual, incluía la misma figura y penas similares a través de su artículo 58.10. En el texto soviético además de la propaganda se condena la ‘agitación’ si según el criterio oficial están encaminadas a promover el derrocamiento, la subversión o el debilitamiento de la autoridad. Son delitos contrarrevolucionarios que abarcan, subrayo, la posesión, la distribución de literatura [una novela, un ensayo, un relato, tratados filosóficos, económicos, políticos, etc.] de similar naturaleza. Pertenece a la futuridad que alguien dé con el manuscrito de Ariza.

Está probado que ni Ariza ni Lugovskaya dieron a conocer sus obras, las ‘confeccionaron’ eso sí.  La policía política de sus respectivas naciones se atribuían (URSS) y asumen (Cuba), respectivamente, la potestad de la interpretación editorial, incuestionable, para encarcelar y condenar a cualquiera que ‘confeccionase’ un texto valorado como políticamente incorrecto.

Claro, un diario es un ejercicio privado, consistente en hablar consigo en páginas íntimas, con un solo lector interno, el propio autor. Una colección de cuentos ya se convierte en otro asunto. Hay en mente de los autores la existencia de posibles lectores externos, entre ellos los editores potenciales quienes deciden si los relatos van para la imprenta y terminan en las librerías o, en el peor de los casos, regresan al escritorio del narrador rechazado. Si Ariza trató de sacarlos del país se debió a una simple conclusión: en el contexto donde le tocó vivir ni los publicarían ni se los devolverían. Intuía que su literatura era impresentable y riesgosa como lo era su vida misma ante el canon oficial. Quizás pensó que cuando él estuviera en el más allá del archipiélago sus cuentos y él renacerían. De modo que el destino personal se consustanciaba con la obra creada. Insisto: pertenece a la futuridad rescatar esa obra.

Vuelvo a Nina. Era una adolescente muy culta. Había nacido en diciembre de 1918 dentro de una familia de baja clase media, había leído bastante A. Pushkin, I. Goncharov, M. Lermontov, I. Turgueniev, L. Tolstoi, etc. Según describe vivía en un amplio apartamento junto a la madre y a sus dos hermanas mayores. Sin embargo, desde muy temprano empezó a entender muy bien cuáles son los rigores que acarrean las posturas y acciones disidentes en una sociedad regida por un partido único. En la primera parte del libro nos enteramos de que el padre, Sergei Rybin, ya había sido condenado a residir fuera de Moscú. En la ‘Introducción’ se añade que  ha cumplido una sentencia por actos contrarrevolucionarios pues era un activista del Partido Socialista Revolucionario opuesto a los bolcheviques. El diario comienza a partir del 8 de octubre de 1932 y concluye el 3 de enero de 1937. Para entonces el Sr. Rybin había sido arrestado por segunda ocasión y condenado a exilio forzoso en la región de Alma-Ata. El 3 de enero de ese año Nina, a raíz de un registro policial en el apartamento, sus hermanas y la madre fueron también detenidas y ulteriormente condenadas a cinco años de exilio interno en  Kolima, o sea, en Siberia.

¿Por qué? No es difícil de explicar. En términos de entonces y de hoy se trataba de una familia de gentes no confiables. Cuando la policía política inspeccionó el lugar con el fin de hallar más documentos comprometedores contra el padre, encontraron de sorpresa el diario de Nina. Sometida a interrogatorios, proclamó y firmó una declaración consistente en admitir que había elaborado un plan para asesinar al camarada Stalin. ¿Por qué una adolescente es capaz de afirmar que ha preparado un plan tan macabro y, al mismo tiempo, imposible de creer? ¿Por qué los interrogadores y el tribunal que la sentenció aceptaron como serias semejantes auto inculpaciones, bajo toda lógica vacías de credibilidad, sin fundamento? ¿Alguien en el tribunal, a lo mejor el letrado de la defensa, se cuestionó o les preguntó a los instructores policiales, al fiscal, de qué medios se valieron para obtener esa confesión?

Muchos adultos de esa época se hicieron responsables de crímenes inverosímiles, irrealizables e irrealizados, plantados en sus mentes por los interrogadores y en un clima de terror indescriptible. De Lubianka en la antigua URSS se comentaba lo mismo que de la Villa Marista aún en funciones en La Habana: a veces a ciertos prisioneros hay que abofetearlos para que cesen de inculparse.

No exagero. Coincidí en el Combinado del Este con un ex colega de trabajo que cumplía una sentencia de veinte años por planes de atentado contra un dirigente. Aquello simplemente no cuadraba. El hombre no podía matar ni una mosca pero había firmado una declaración en Villa Marista donde admitía “su” grave proyecto. “¿Por qué aceptaste que ibas a cometer ese atentado?”, le pregunté. “Mira –respondió- si me quedaba un día más en ese sitio, habría sido capaz de responsabilizarme por la voladura del Maine en 1898”.

Un eminente sacerdote habanero me relató una historia análoga, atribuida al Cardenal József Mindszenty (Hungría 1892-Austria 1975). Antes de ser arrestado en 1948 por el gobierno comunista le comunicó a su personal más cercano: “Si me ven y oyen arrepintiéndome en tono sincero, elocuente y hasta con profusa lucidez de cuanto he pronunciado, por favor, les ruego que no me crean una sola palabra. Lo haré por miedo insuperable.”

Bajo esas circunstancias actuó la impresionable e inestable Nina, una adolescente de naturaleza compleja y acomplejada. En las páginas del diario pasamos de estados de suprema felicidad, donde hace derroche de una elevada autoestima, a episodios de aguda depresión y de intentos de suicidio mediante el consumo de altas dosis de opio. Hace excelentes observaciones sobre su tendencia a la pereza y la similitud que descubre entre ella y el célebre personaje Oblomov. Analiza con agudeza los relatos Infancia, Adolescencia y Juventud de Tolstoi. A renglón seguido se deja hundir por la presunta fealdad de su cuerpo, por la forma de su cabeza y de la cara, la anchura de sus hombros, los ojos estrábicos, la falta de gracia femenina que la incapacita, machaca, para conquistar la atención y el amor de los chicos.

Quiere tener pareja, está ansiosa de empezar un noviazgo y de pronto se queja de la tradición y el peso del machismo en la cultura rusa. Abomina del padre pero admite con entusiasmo cuánto de bueno y heroico significa para ella y la familia. Anhela ser una persona importante, entonces se pone a estudiar con entrega. Pocas entradas después manifiesta aburrimiento y desdén por la instrucción académica y el sistema educacional. En pocas palabras, su humor y lucidez son inestables, sus altibajos son comparables a los de una gigantesca montaña rusa.

Sheila Fitzpatrick analiza muy bien estos rasgos y desasosiegos en su reseña “Pessimism and Boys” (London Review of Books. Vol. 26 No. 9. 6 May 2004).  Además, Anne Fine, prologuista de esta edición, y por méritos propios una reconocida autora de literatura infantil, apunta: “Leemos los diarios de Nina con conocimiento del futuro. Vemos el peligro que entrañan esos arranques de rebeldía en una adolescente incontrolable, aburrida en la escuela, aburrida también fuera de la escuela…Nina es igual que su padre, una especie de ciudadana perspicaz y librepensadora que un régimen como el de Stalin no duda en quebrantar para poder mantenerse” [Mi traducción].

A Nina le molestaban el ambiente “soviético” de la escuela, el autoritarismo de los maestros, la arrogancia de los directores, los desfiles en la Plaza Roja por el día de los trabajadores. En ciertas oportunidad asiste al funeral de un afamado cantante del Teatro Bolshoi, se enamora de un aviador convertido en héroe pero al mismo tiempo se siente irritada con la propaganda del gobierno a favor de sus proezas en ingeniería como fue el caso del modelo de avión Gorki del cual aquel se vanagloriaba el estado y que terminó estrellándose por un error de una de las naves que lo custodiaba por los cielos de la URSS. Murieron sus viajeros y la tripulación. Eso sí que lo lamentó.

No se queja de que tenga que aprender alemán, álgebra o geografía pero está incómoda con el ambiente estudiantil, hay mañanas cuando no quiere levantarse de la cama para ir a la escuela. Se porta de manera incómoda y hasta descortés en reuniones y fiestas. No está realmente convencida de la carrera que deberá matricular pero quiere ser alguien importante, con pareja eso sí a pesar de sus reproches constantes a los hombres y a su mismo cuerpo.

La edición del diario incluye los subrayados hechos por el censor cuando ella se refiere a sus intentos de suicidio, cuando fracasa en el acto porque el opio consumido no era puro. Hay marcas en todos los párrafos donde hace alusión negativa de las hambrunas provocadas por los planes agrícolas de Stalin, al referirse al éxodo inmenso de los campesinos a las ciudades, de la situación lamentable de los complejos industriales y de los barrios, pésimos, donde reside la clase obrera. Le molestan las colas para conseguir algo de comer, los precios exorbitantes, los privilegios gozados por la nueva clase en el poder. Se siente de maravillas en sus excursiones a dachas, cuando pasea fuera de la ciudad y se encuentra en un bosque donde descubre las nociones de inmensidad y de soledad apacible, donde no se topa con nadie, nada más que con la límpida  naturaleza inhabitada.

De haber continuado escribiendo, por la calidad de su prosa alcanzada a esa temprana edad, no tengo la menor incertidumbre de que su legado literario habría sido muy importante, precisamente lo que ella aspiraba a lograr. Los editores de la versión que he consultado explican que hasta donde ellos saben, Nina jamás volvió a escribir.

Sheila Fitzpatrick nos indica que Nina, sus hermanas y la madre fueron excarceladas de Kolyma en 1942, es decir en medio de la invasión alemana y de la II guerra mundial, que se casó hacia el final de aquel decenio con Viktor Templin, artista y antiguo prisionero político. Indica que ambos dedicaron el resto de sus existencias a trabajar como diseñadores de escenografías y como pintores de paisajes en ciudades provincianas. Fitzpatrick agrega que después de la muerte de Stalin pidieron ser rehabilitados. Nina tuvo que esperar veintiséis años para lograrla (1963). Como persona y como artista quizás su mayor triunfo consistió en sobrevivir lo suficiente como para ser testigo de una enorme sacudida: murió en 1993, dos años después del fin de la Unión Soviética.

Bibliografía complementaria.

Hellbeck, Jochen. Revolution on My Mind: Writing a Diary under Stalin. Harvard University Press, 2009.

Kerner, Antonina. Alienation in the Communal Society: An Examination of Soviet Diaries of the 1930s. Diss. Hillsdale College, 2011.

Velgach, Filipp. “Red Mortar: Obtaining and Molding Subservient Soviet Youth Under Stalin.” History Matters (2012): 143.

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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14 respuestas a Solicitud de canonización de Nina Lugovskaya

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  2. narciso j. hidalgo dijo:

    Rafael, excelente… Nina, Ariza y tú machacados por la misma “vuelta de tuerca” que los sistemas totalitarios han ejecutado contra aquellos que, con luz propia, han percibido una existencia diferente. Gracias por brindarnos esas lúcidas reflexiones. Un abrazo, narciso.

  3. Ram dijo:

    Excelentes paralelos e inevitables coincidencias, creo que necesitaremos muchos diarios como el de Nina.

  4. Dr. Pablo LLabre Raurell dijo:

    Saumell, el delito de Propaganda Enemiga mencionado en tu brillante articulo, y del cual fuiste victima, trajeron a mi recuerdo los multiples casos que bajo esa figura delictiva, defendi como abogado en Cuba – entre ellos, nuestro comun amigo, el Lic. Humberto Leon Fernandez -, defensas que me granjearon la critica y repudio de otros colegas, los que oportunistamente, hoy dia se autotitulan “disidentes”, e imparten “charlas” en universidades del sur de la Florida.
    ! Cosas veredes Mio Cid ! Un fuerte abrazo. Dr. Pablo LLabre Raurell.

  5. Dr. Pablo LLabre Raurell dijo:

    Lobotejano, recordemos que el propio Lenin lo sentencio en los inicios de la pasada centuria , ” Si le rasgas la piel a un extremista, encontraras un oportunista”. Abrazos. Dr.Pablo LLabre raurell.

  6. Tengo una vieja foto en casa de mi mujer (de niña) con el cardenal József Mindszenty en Toronto durante la visita del párroco a esa ciudad hacia 1971 o 1972. Era un hombre valiente y abnegado, muy querido por la comunidad católica internacional…especialmente la húngara.
    Una nota humorística es que a mi mujer se le había especificado que lo tratase the “usted” en húngaro, pero-como son los niños-ella lo trató de “tú”. Minddszenty se echó a reír inmediatemente y abrazó a la niña para deleite del público presente. Saludos, David. NOTA: No se preocupen. No voy a cobrarles nada por esta importantísima noticia. ¡Así soy yo de desprendido!

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