62: Matrimonio (Números de la charada cubana)

John Lennon

John Lennon

Juan Clemente Zenea

Juan Clemente Zenea

62: Matrimonio (Números de la charada cubana)

No ha sido obra del azar sino de la cronología. Este verano llegué a los sesenta y dos cumplidos. Al principio no quería colgar estas líneas en el blog porque me parecían de un narcisismo reprochable. De manera que pido disculpas por adelantado debido a este despliegue de egocentrismo en relación con un hecho del que ya estaban enterados quienes me conocen desde hace bastante tiempo: familiares, compañeros de trabajo, vecinos y socios de la juventud. En este caso no me refiero a una organización oficial de parecido nombre. Hablo de los amigos que conservo desde aquella época lejana.
Todo mi cuerpo lo sabe: estoy envejeciendo con sostenida coherencia y no hay modo de parar el proceso. Para mantener este edificio en ruina progresiva con el cual cargo a diario he decidido hacer lo más evidente: aceptarme. De momento, y por consejo médico –soy diabético y tengo lupus en los pulmones– he comenzado a llevar sombrero cada vez que salgo a la calle, sobre todo bajo este verano sofocante y ardiente que debemos aguantar quienes vivimos en el lado este de Texas. El doctor también ha recomendado que me aplique la loción Neutrogena en cada parte del cuerpo que exponga al “sol ese enemigo” –homenaje a José Lorenzo Fuentes– mayor que yo (1928), y con más horas de paso por este mundo que millones de mortales.
En este período he adquirido nuevas obsesiones. Un par de días atrás, mientras revisaba por enésima vez los estantes de libros que tengo en casa, tropecé de nuevo con dos de Juan Clemente Zenea (1832-1871): el de Enrique Piñeyro Vida y escritos de JCZ (La Habana: Consejo Nacional de Cultura, 1964) y Poesía. Recopilación y prólogo de José Lezama Lima (La Habana: Academia de Ciencias. Instituto de Literatura y Lingüística, 1966). Ya sabemos que fue fusilado en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña un 25 de agosto. Las dos ediciones añaden los nombres con que fueron “bautizados” los años cuando salieron de las imprentas: 1964, “Año de la economía”; 1966, “Año de la solidaridad”.
Al leer de nuevo los nombrecitos que les colgaron a 1964 y a 1966 me doy cuenta de que nada ha cambiado realmente en Cuba desde que yo era un adolescente. Seguimos en las mismas, la interminable monserga de la economía y de la solidaridad sin que hayamos avanzado en ninguna. Qué viejas se han puesto las consignas. De economía, lean el más reciente informe del Consejo de Ministros publicado en Granma. En cuanto a la solidaridad, da la impresión de que solamente la merecen cinco encarcelados en los Estados Unidos.
En el idioma del gobierno no hay nada que se asemeje a la noción de una “forma contemporánea de humanismo” según la entiende Zygmunt Bauman: “cooperación, informal, abierta.” Así la explica: “la informalidad nos advierte que debemos unirnos a la acción común sin un programa y un código de conducta predeterminados…la apertura recomienda que no supongamos que nuestra visión de las cosas es la correcta sino que debemos aceptar la posibilidad de descubrir su error.”
De cierta manera, asocio la postura de los dirigentes de la isla con un poema de Zenea titulado “A una joven disfrazada de vieja”. Cito un par de estrofas: “¿Qué harás en tus desengaños/con un dolor tan profundo, /si no hay remedio en el mundo/que cure el mal de los años?…Pero sabrás a la vez/que al perderse la belleza, /causa martirio y tristeza/la imagen de la vejez”.
Casi olvidaba que tengo otro texto dedicado a Zenea, insisto, fusilado el 25 de agosto de 1871. Para ser sincero, me veo obligado a enfatizar que también hubo fusilados en 1964 y en 1966. Para los fusileros se trata de traidores, para los partidarios de las víctimas son mártires y héroes. En “El filibustero” hallamos estos versos: “En vano me llama un pueblo, /De déspotas no de hombres, /Aplicándome los nombres/De malvado y de traidor/Y en vano insulta y profana/la santidad del destierro, /Mientras lame como un perro/las plantas de su señor.”
En Rescate de Zenea (La Habana: Ediciones Unión, 1987), Cintio Vitier aspira a cerrar de una vez la polémica del héroe y traidor: “Este libro se dedica, exclusivamente, a examinar las acusaciones de traición a la causa revolucionaria cubana, que desde hace más de un siglo se han venido haciendo contra Juan Clemente Zenea”. Hacia el final de la “Introducción” señala: “No sería justo olvidar, en este párrafo de gratitudes, al joven dramaturgo Abilio Estévez, cuya bien realizada obra La verdadera culpa de JCZ, llena de aciertos poéticos y teatrales, nos evidenció la urgencia de rectificar la errónea imagen moral y política que en ella refleja, y le dio impulso al proyecto largamente acariciado de estas páginas, que ojalá podamos cumplir sin más pasión que la de hacer justicia.”
Quienes están al tanto de la literatura y de la historia de Cuba reconocen que aún quedan incontables asuntos y personas por rescatar. Por ejemplo, con absoluta calma y sinceridad, debemos preguntarles a las autoridades del Ministerio de Cultura lo que viene a continuación: “¿qué categoría de presos y de fusilados, aparte de Zenea, están ustedes dispuestos a rescatar en las celebraciones anuales de la Feria del Libro de La Habana cuya sede radica en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña?”
Un ejemplo sencillo. Leonardo Padura dedicó parte de su discurso en ese evento a reconocer la obra de Abilio Estévez. Sus antecesores hicieron lo mismo al referirse a una larga lista de ausentes y de silenciados. Uno más: hace poco y a media máquina resucitaron a Esteban Luis Cárdenas, poeta, ex condenado a presidio, indultado, exiliado, fallecido.
Es palpable que me refiero casi exclusivamente a muertos y a exiliados, aunque no deja de ser verdad que, en numerosas ocasiones, ambas categorías se unen. Por otra parte, debo confesar con el debido respeto profesional, que muchas veces me hastían los discursos circulares, o sea, los ensayos académicos que sobre Cuba se repiten incansablemente: que si Orígenes, Ciclón, Lunes de revolución, que si el barroco y el neobarroco, que si el testimonio, la diáspora, el Caribe, los estudios postmodernos, trasatlánticos, el feminismo, la teoría “queer”, las minorías, el género y la identidad. No se confunda nadie, lo ruego. Son y serán necesarios, se complementan, pero sugiero que reparemos en otros detalles no menos relevantes.
En La Habana hay una estatua para Juan Clemente Zena y otra para…John Lennon. Ésta es la que más llama la atención, ¿qué significa Lennon, sentado en un parque, si permanecen ausentes tantos lapidados por culpa de la injusticia doméstica del último medio siglo? Entre la ejecución del 25 de agosto de 1871 y el rescate efectuado por Vitier transcurrió más de una centuria: exactamente ciento dieciséis años. Parecería que somos lentos en recobrar el tiempo y las ocasiones perdidas. Como van las cosas, aquejado de diabetes y de lupus, con sesenta y dos vividos, sé que no tengo ninguna posibilidad cercana de asistir a ciertas reencarnaciones en la vida pública de mi país natal. Mientras, las estatuas de Zenea y de Lennon descansan en parques distantes dentro de una ciudad dividida: “¿Y quién soy yo? ¡Poeta vagabundo/Que vengo como réprobo maldito/A contar una hora en este mundo/En presencia de Dios y lo infinito!” (“En días de esclavitud” II).

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Acerca de Elige tú que canto yo

Scholar, writer and professor of Spanish at Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Married to Jill Saumell (maiden name Offerman) , three children, four grandchildren. A member of ANLE, Academia Norteamericana de Lengua Española. US Academy of the Spanish Language, one of the 22 academies of the Royal Academy of the Spanish Language (RAE). Author of three academic essays: La corte del supremo espectáculo. La Habana: Ediciones Unión, 1979. A Cultural History of the Cuban Radio and Television. The entire edition was converted into pulp paper by order of the Department of State Security; En Cuba todo el mundo canta. Madrid: Editorial Betania, 2008. A tale of my prison experiences. In Cuba.; La cárcel letrada. Madrid: Editorial Betania, 2013. The Enlighted Prison. Cuban Prison Narrative from 1836 to 1992. Co-author and writer of several scholarly books, for example the writer of Carlota Caulfied's entry in Latin American Women Writers: An Encyclopedia. María Claudia André and Eva Bueno, eds. New York: Routledge, 2007: 113-114; Alejo Carpentier and José Martí's entries in Wiley-Blackwell Encyclopedia on Latin American Postcolonial Literature (forthcoming). Have published scholarly (peer reviewed) and popular media (journals, magazines, newspapers)essays on Human Rights and Spanish American Literatures in Cuba, France, Spain, Spanish America, the United States, and the United States. Talebú is the name of my own literary blog (https://talebu.wordpress.com/). A former political prisoner (1981-1986). US naturalized citizen (1994).
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3 respuestas a 62: Matrimonio (Números de la charada cubana)

  1. Pingback: 62: Matrimonio (Números de la charada cubana) | Talebú

  2. Pablo LLabre Raurell dijo:

    Ilustre amigo Saumell,
    Excelente articulo. Sin respuesta tu interrogante ante la estatua del creador de Imagen. Cuando nada tiene sentido-salvo la nada misma- tambien carece de sentido el esfuerzo paradojico de declararlo. Pablo LLabre Raurell.

  3. Excelente todo esto: “Por otra parte, debo confesar con el debido respeto profesional, que muchas veces me hastían los discursos circulares, o sea, los ensayos académicos que sobre Cuba se repiten incansablemente: que si Orígenes, Ciclón, Lunes de revolución, que si el barroco y el neobarroco, que si el testimonio, la diáspora, el Caribe, los estudios postmodernos, trasatlánticos, el feminismo, la teoría “queer”, las minorías, el género y la identidad. No se confunda nadie, lo ruego. Son y serán necesarios, se complementan, pero sugiero que reparemos en otros detalles no menos relevantes.”

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