Te devolverá el tiempo

Te devolverá el tiempo Rafael E. Saumell Sam Houston State University Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) Andrés Jorge González nació en San Juan y Martínez, Pinar del Río, Cuba (1…

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Te devolverá el tiempo

Te devolverá el tiempo

Rafael E. Saumell

Sam Houston State University

Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE)

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Andrés Jorge González nació en San Juan y Martínez, Pinar del Río, Cuba (1960). Actualmente reside en México. Hasta hoy ha publicado la colección de cuentos A ciegas en el laberinto (1994) y dos novelas, Pan de mi cuerpo (1997),  Te devolverán las mareas (1998). Tiene dos títulos  inéditos: Para alejar el frío invierno y Voyeurs.  En Cuba y en los comienzos de su carrera publicó algunos textos, en específico “El canto de las sirenas”, en la antología Los últimos serán los primeros preparada por Salvador Redonet.[1]

A nivel generacional pertenece al grupo de los “novísimos,” casi todos nacidos a partir de 1959. Voy a utilizar el propio testimonio de Jorge para explicar cómo se representa él dentro de esa nómina de creadores: “era uno de los facinerosos “novísimos,” un “perestroiko,” parte de un grupo de escritores y artistas que ahora están la mayoría fuera de Cuba, y a quienes se nos dio casi luz verde para que nos fuéramos pa’l carajo y no jodiéramos más dentro de la Isla, en un momento donde la política fue bajarle la presión a la caldera[2]”.

También comenta cuáles son las características de los novísimos: un intento de asumir más abiertamente una literatura crítica, de desencanto, anti-heroica, y una cierta recurrencia de temas que a mí en lo personal empezó a desencantarme más temprano que tarde, me refiero a los cuentos de la beca, de los “frikies”, de una supuesta marginalidad, del “jineterismo”, etc. Algunos cuentos de esa antología, incluido el mío, buscaban otras vertientes, donde está más presente un lenguaje alegórico y un gusto por la intertextualidad que se desliga de la narrativa cubana inmediatamente anterior a la nuestra –donde realmente no hay mucho rescatable” (Carta 20/1/00).

Dichas vertientes constituyen la sustancia de este ensayo y consisten en:

  1. la necesidad de viajar manifestada en varias dimensiones:
  1. del pueblo a una ciudad grande, a la capital del país, al extranjero
  2. del pasado al presente y viceversa, del tiempo de los sucesos narrados al tiempo presente de la lectura
  3. de una cultura a otra
  1. el predominio de personajes femeninos que cuestionan la sociedad patriarcal en el plano de la identidad literaria, sexual, religiosa y política
  2. el hecho de que los relatos son sumamente críticos del referente nacional, anteriormente idealizado por la literatura oficial de los setentas y parte de los ochentas. En ellos hay una oposición al esquema de “romance”, de acuerdo con la definición hecha por Maurice Z. Shroder (1967, 25). que quiso imponer la política cultural por medio del neo-realismo socialista, simbolizada por la obra de Manuel Cofiño y los textos del llamado género testimonial. La literatura de los novísimos va más allá del estado de “inocencia” obligada que se quiso imponer a los creadores oficiales, para que representaran en sus textos un estado espiritual que Shroder califica de vector de ignorancia y ceguera. La “experiencia” constituye el aporte traído por los novísimos y los antecesores que pagaron con ostracismo, “insilio,” prisión y exilio.[3]
  3. A ciegas en el laberinto es un montaje de las “ilusiones perdidas” en el proceso revolucionario; Pan de mi cuerpo es un despliegue de múltiples puntos de vista narrativos; Te devolverán las mareas se destaca por la presencia de personajes, contextos, épocas, culturas y anécdotas en apariencia disímiles.coetáneos. En Otros pensamientos en La Habana (1994), Osmar Sánchez Aguilera, igualmente radicado en México, indica que en el “campo literario no pocos son los textos [del período] que, por distintas vías y en diverso grado, indican el cambio en punto a procedimientos retórico-compositivos, representación (sumamente cuestionada), y concepción-función de la literatura, que se gesta desde entonces” (1994, 9). Hace varios años Leonardo Padura se pronunció sobre este asunto: “Creo que la esencia de todo radica en que hoy se está escribiendo mejor que ayer, con más libertad, con más audacia, con mayor interés en lo universal –aunque sean historias locales—y se ha superado el maniqueísmo provinciano de los años 70 y parte de los 80[4]”.
  4. Estas señas de estilo las comparte Andrés Jorge con muchos de sus

Por eso subrayo la relación de contraste existente entre el “romance” o literatura testimonial de los setenta y de de los ochenta  con las obras emergentes desde finales de aquel período.[5] Aquí es pertinente aclarar, aunque con palabras de Shroder en su ensayo sobre la novela  como género que el “romance es esencialmente una literatura escapista; apela a las emociones y a la imaginación del lector, a quien invita a maravillarse ante un mundo bajo el influjo de encantos y triunfantes aventuras –tal victoria puede deberse a la derrota de un dragón o al desenmascaramiento de un sheriff corrupto” (1967, 21).

En ese sentido, Biografía de un cimarrón (1967) de Miguel Barnet puede leerse como un “romance” que comienza en la esclavitud, sigue entre las fuerzas independentistas, continúa en la república burguesa y culmina en el aprendizaje de la lectura y de la escritura bajo el manto del socialismo marxista-leninista. Es un “héroe positivo” que reconstruye con paso determinista las etapas históricas del pasado para concluir que el presente es el estado ideal, de cierre de su biografía y el comienzo de un presente justo e inamovible por los siglos de los siglos.

Igualmente, las series policiales hechas para televisión al estilo de En silencio ha tenido que ser, de Abelardo Vidal y Nilda Rodríguez, dan la pauta a un tipo de héroe enfrentado al dragón yanqui y a sus servidores locales. El predominio de los Esteban y de los David epitomizan ese momento donde la cultura oficial silenciaría los romances que no estuvieran protagonizados por las “aventureros revolucionarios”

En A ciegas en el laberinto ocurre lo contrario. Por ejemplo, “Casa en la playa” es la historia de un hombre desencantado, que antes había roto vínculos con los “gusanos” de su familia. Al final de su existencia descubre la lección impartida por “la gran historia”: “no vale la pena morir por ninguna causa, justa o injusta, lo único que vale es estar vivo” (1994, 13). En “Fidelidad” las figuras de Jesucristo y Magdalena encarnan a las víctimas  de los actos de repudio montados por el gobierno durante el período del puente de El Mariel. “En mi viejo San Juan”, [y Martínez], es un ejercicio literario por partida doble: de escritura del mismo cuento, o sea una metaficción,  y a la vez una reflexión dedicada al aburrimiento, a la vulgaridad y al deterioro de la realidad material: autos, edificios, personas, etc.

“Jogging” está dedicado a la visita a Cuba del familiar que reside en los Estados Unidos, al sexo “voyeur”, a la falsa moral del narrador, atraído por la prima –representativa de la “comunidad cubana en el exterior”—y al mismo tiempo limitado para expresarle a ella sus emociones verdaderas debido a que él es militante de la Unión de Jóvenes Comunistas. “El acta de los mártires” puede conectarse con  “Casa en la playa” en el sentido del heroísmo inútil, de la indiferencia de los más jóvenes ante los sacrificios del pasado, constantemente repetido por los sujetos propagandistas. “La vida es lo importante” dice un personaje, pero los padres del hijo-mártir esconden las versiones que explicarían honestamente por qué la policía de Batista lo asesinó. Probablemente es el relato más pesimista  pues presenta “la gran historia” como un fardo insoportable y plagado de rutinas anti-heroicas. Los padres de los mártires se enfrentan a un auditorio siempre hastiado, que escucha una y mil veces la leyenda de los caídos.

Hay dos cuentos que marcan la ansiedad por el viaje. En ellos se mezclan los traslados físicos y mentales hechos por los personajes. Son los balseros de “En el laberinto” y “Escuchando a Serrat”. En éste, el narrador, que reside en Cuernavaca, habla de su sentimiento de “otredad” porque no parece mexicano.  Escuchar cierta música le hace regresar mentalmente a la isla. El tono dominante es pesimista pues ese mar que rodea a la isla de Cuba acompaña siempre a sus nativos dondequiera que vayan. En esa gravitación insular se escuchan los ecos de  unos versos de Virgilio Piñera: “Y el mar, siempre el mar, circunstancia del agua por todas partes…mi naufragio se inscribe dentro de un gran naufragio colectivo…espera con ansiedad noticias del barco encallado. Tal historia colectiva…Es hermoso y descojonante, pero todo es partir. He vivido escapándome y quedándome en todos los lugares…Y este hombre sigue viviendo en una isla allende el mar” (1994, 100-110)”.

A la isla regresa el narrador para indagar sobre la vida de Graciela Vidal, la protagonista de Pan de mi cuerpo. El título no puede ser más figurativo. Es el símbolo de lo que aceptamos en lugar de lo que ya no está físicamente. En su reseña de la novela, Daína Chaviano opina que el título nos conduce al principio de la “falibilidad del testimonio humano a la hora de enjuiciar a otros; tal vez una advertencia sobre los peligros de pretender buscar explicaciones absolutas y únicas ante un mismo hecho” (1998, 162).

Buscar el origen y el desarrollo de Graciela constituye el alimento de la trama. A la entrada de la obra hay dos citas, una de Umberto Eco y la otra de Jorge Luis Borges. En la primera leemos que “la vida es interpretada como un eterno complot, o mejor dicho, como una cadena de complots.” En la segunda: “Dios mueve al jugador y éste la pieza.”

Al estilo del periodista que planea escribir una crónica, o de un autor de relatos testimoniales a lo Barnet, este narrador entrevista  a los testigos que la conocieron, coteja fechas, instituciones, datos, documentos. Sin embargo, este proceso de consulta de voces y de fuentes no está condicionado por la necesidad de hallar pruebas irrefutables que justifiquen un sistema de narración prestablecido, ni por la obligación de defender el referente no literario, dicho de otra manera, la sociedad donde se genera  el texto. Quiere que la polifonía sea la cualidad esencial del punto de vista. Revela la contradicción existente entre las voces, se cuida de formular tesis encontradas para narrar la vida de Graciela. En general y según Wayne C. Booth, nos referimos a la existencia de un diálogo entre el autor, el narrador, los personajes y el lector (1967, 97).

Graciela Vidal, mujer de provincias como Madame Bovary, es famosa por su matrimonio con un hombre del cual no está enamorado. Circulan rumores acerca de su vida sexual y religiosa. Se cuestionan las motivaciones que la llevaron a practicar actos caritativos. Ha muerto atravesada por un rayo sin que hubiese podido cumplir el acto más prodigioso que se propuso, inaugurar una capilla. Nos enteramos de esos datos debido al viaje de la escritura en el tiempo, del pasado al presente del texto y de éste a la experiencia actual del lector, con lo cual se materializa el diálogo al que alude Booth.

Tantas leyendas y versiones conflictivas tocantes a una misma persona predisponen al narrador a adoptar  un punto de vista que no sea omnisciente sino aquél que Norman Friedman  denomina el “modo dramático.” Éste se limita a registrar ampliamente lo dicho y hecho por los personajes (129). No tenemos que lidiar con una novela muy realista, tanto que nos daría un corte sociológico demasiado verosímil de la vida y de las gentes en un pueblo de Pinar del Río. Antes bien, y siguiendo con Friedman, somos lectores de un acto de escritura que consiste en “un proceso de abstracción, selección, omisión y montaje” (131).

Una de esas selecciones consiste en comparar a Graciela con Safo. Ambas vivieron en islas, estuvieron casadas con hombres de solvencia económica, tuvieron una hija, en el caso de Graciela adoptada,  a la que llamaron Kleide, contaron con discípulas y seguidoras a quienes amaron. Safo cantó a Afrodita. Graciela “escribió el librito Las Hijas del Cielo” que era “la Nueva Palabra de [la Virgen] María, todo un programa, para eso se habían construido el convento y la capilla” (138).

Safo es el primer personaje desarrollado en Te devolverán las mareas. A ella le siguen Izumi Shikibu, japonesa, Virginia Woolf, inglesa y Ofelia Ibarra, cubana, la única que carece de existencia histórica. A ella está dedicada la novela, se nos informa que se trata de la “autora” del proemio. Esas son las bases anecdóticas de la trama: “mujeres dispersas por las islas del mundo, llevaban en sí como nadie su condición isleña. Como ellas yo he escuchado la llamada ancestral, pródiga, y más de una vez he despertado con el fragor de las mareas a flor de piel” (9).

El formato narrativo es cíclico pues empieza y termina con Ofelia. El otro factor prevaleciente es, por supuesto, el agua, principio de vida tratado en el libro del Génesis: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos” (1:20). Otra tesis esencial de la novela nos indica que estamos hechos para señorear sobre el mar. Nadar y flotar, dejarse llevar por la corriente son manifestaciones de ese señorío.

El proemio nos da otra clave originada en el primer verso del poema “La isla en peso” de Virgilio Piñera: “La maldita circunstancia del agua por todas partes” (45). En ese poema hay un verso que justificaría, en el caso de esta novela, la ensambladura de las cuatro vidas paralelas: “Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol” (49).

Recordamos entonces a Giambattista Vico y sus ideas del curso y del recurso, del ascenso y del descenso, sol y luna, día y noche (Oxford, 899). Todos los espacios reciben la gran influencia marina. Por cierto, en el volumen III de El Ingenio (97) Manuel Moreno Fraginals opina que el mar es uno de los grandes complejos de la cultura cubana. Andrés Jorge, como antes Piñera, asume la “circunstancia del agua” como un problema de destino. No es mar del exilio, de las tragedias, de las fugas, ni siquiera el de la “seda del agua” mencionada por José Martí en su Diario de Campaña (528) Safo, Izumi Shikibu, Virginia Woolf y la Ofelia de raíz shakesperiana no pueden ser indiferentes a esa presencia, no pueden vivir de espaldas a ella, más bien se sienten seducidas y atrapadas.

Hernán Lara Zavala se ha referido a esta unidad biográfica y temática, la cual rompe con ciertos moldes fijados por la novelística decimonónica: “las cuatro historias que componen el volumen…aunque son independientes entre sí, logran comunicarse a través de un efecto que yo llamaría, no de metáfora, sino de metonimia, pues las historias se unen por la similitud que existe entre las cuatro heroínas (“Muerte por agua”).  De acuerdo con Madeline Cámara la obra es “en rigor una colección de cuatro piezas narrativas unidas por temas comunes, se empeña en buscar sus asuntos y personajes en tiempos y regiones remotas, creando una distancia que permite una universalidad depurada” (225).

Aparte del mar predomina la orientación sexual de estas mujeres. No se suicidan porque son lesbianas o bisexuales. El hecho de morir y de resurgir de entre sus respectivas caídas en otras épocas, sociedades y lenguas, implica que se produce el eterno retorno de ciertas imágenes, corpóreas y poéticas, partes de un contexto circular que podemos volver a resumir con los versos de Piñera arriba mencionados.

El mar, dador de vida, contribuye a la resurrección y al ascenso de imágenes que una vez se ahogaron, esto es, descendieron. La joven que organiza el archivo de Virginia Woolf la trae el presente de la narración. El vínculo que mantiene con la antigua amante de la novelista implica la perpetuidad y la libertad del placer. Cuando José Lezama Lima apunta en “Pensamientos en La Habana,” que “mi alma no está en un cenicero” (1966, 108)  estamos en presencia de la movilidad de la imagen a través de los tiempos. Esta idea la expresa en unos versos que salen del mismo poema: “Quieren que saltemos de esa urna/y quieren también vernos desnudos/Quieren que esa muerte que nos han regalado/sea la fuente de nuestro nacimiento” (106).

Estas suicidas no son enemigas de los hombres, aunque sí intentan escapar de la tutela patriarcal. Izumi Shikibu tuvo que escribir en japonés porque los hombres de entonces consideraban que esa lengua estaba por debajo de las más sofisticadas tareas de la poesía y de la prosa, motivo por el cual usaban una de las lenguas provenientes de China (24).  El conocimiento de sí, de la escritura y del cuerpo propio, conduce a un principio de placer distinto, el que se da entre iguales dentro de un grupo marginado para llevar a cabo tareas intelectuales calificadas de menores por el poder.

Ofelia rechaza la prosa de Ernest Hemingway y comparte su criterio con el hombre que ama y con quien le habría gustado vivir en Australia donde ella tiene de amante a una arqueóloga. Safo sufre la pérdida de Anactoria pero no del erotismo. Valdría aquí la pena sugerir si acaso la atracción que ellas sienten por el mar es semejante en intensidad a la máxima libido: entregar el cuerpo a la caverna del agua con el mismo fervor conque se apetecen las vaginas de las musas.

Las tres primeras historias –Grecia, Japón e Inglaterra—se concentran en una suerte de política del deseo bajo la cual los personajes viven y donde se dedican a escribir, leer, viajar, comentar, criticar, siempre dentro de un marco sexual eminente. Se producen debates sobre la valoración literaria, la influencia de los medios de opinión que entonces se llamaron “cortes.” Al arribar a Cuba estos asuntos se agudizan. Se leen frases de política explícita que previamente no vimos: “comunismo,” “ciudad hambrienta,” “materialismo,” “desperdigados por el mundo,” etc.

Al ambiente delicado de feria japonesa se opone la vulgaridad del intercambio entre el chofer y el funcionario del partido comunista que llevan a La Habana a una Ofelia todavía adolescente. A la opresión ejercida por los discursos de la moral y de la religión en las sociedades de Safo, Izumi y Woolf, se suma la política cubana de hoy, presentada como una forma de religiosidad civil. Su final es muy dramático: su cuerpo es castigado por el SIDA. Las siglas se interpretan de este modo: “el virus, el Siniestro, el Innombrable, el Demoníaco, el Aniquilador” (266). Decide echarse al mar en imitación de su “ser anterior, la otra Ofelia” (273). En el Epílogo ocurre un diálogo entre una ninfa y Safo. Aquélla opina que “la vida es cosa de humanos…somos ninfas, espuma de mar”, a lo cual la poeta replica: “Entonces yo quiero volver a la condición de ser humano, encarnar de nuevo en la mujer que fui” (285).

 

En Texas, siempre en Texas, 2000 y marzo de 2016.

 

 

 

[1] Escribí y leí este trabajo hacia el año 2000 con motivo de una de las conferencias organizadas por el Cuban Research Institute (CRI) en Florida International University (FIU). Por esa causa, la bibliografía de Andrés Jorge González solamente abarca hasta aquel año.

[2] Carta al autor fechada el 20 de enero de 2000

[3] Al respecto leer la Tesis y Resolución sobre la cultura artística y literaria. (DOR: La Habana, 1976). El ensayo de Imeldo Álvarez La novela cubana en el siglo XX es otra prueba del pensamiento oficial del período: “Día llegará, seguro, en que tendremos una novelística nutrida de primeras figuras que no refleje sólo el pasado, o lo que muere de él, lo viejo en proceso de cambio, sino…la idea del socialismo y la visión trascendente de los constructores…cada vez más digna de la clase obrera, de los que, como decía Lenin, “son la flor y nata del país, su fuerza, su futuro”, del nuevo hombre que esta época engendra en colosal pelea liberadora (1980, 142).

[4] Entrevista al autor hecha por Amir Valle para Librusa, Agencia Internacional de Noticias Literarias. Agosto de 2000. http://www.librusa.com/entrevista4.htm

[5] Ver la definición de Testimonio en el Diccionario de la Literatura Cubana (1984) Tomo II: 1013-1015.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obras Citadas

 

Álvarez, Imeldo. La novela cubana en el siglo XX. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980.

Barnet, Miguel. Cimarrón. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1967.

Booth, Wayne C. “Distance and Point of View. An essay in classification.” The Theory of the

Novel. Edited by Philip Stevick. New York: The Free Press, 1967: 87-107.

Cámara, Madeline. “Invocación a las aguas.” Encuentro. 14 (Otoño, 1999): 225-26.

Chaviano, Daína. “De lo profano y lo divino.” Encuentro. 10 (Otoño, 1998): 161-62.

Cofiño Manuel. Diccionario de la Literatura Cubana. La Habana: Editorial Letras Cubanas,

1981: 161-62.

Friedman, Norman. “Point of view in fiction: The development of a critical concept.” The

Theory of the Novel. Edited by Philip Stevick. New York: The Free Press, 1967: 108-37.

González, Andrés Jorge. A ciegas en el laberinto. México: Claves Latinoamericanas S.A. de

C.V., 1994.

—. Pan de mi cuerpo. México, D.F.: Editorial Joaquín Mórtiz, 1997.

—. Te devolverán las mareas. México, D.F.: Editorial Planeta Mexicana, 1998.

Honderich, Ted., Ed. “Vico, Giambattista.” The Oxford Companion to Philosophy. New York:

Oxford UP, 1995: 899.

Keene, Donald., ed. Anthology of Japanese literature. New York: Grove Weidenfeld, 1960.

Lara Zavala, Hernán. “Muerte por agua.” Arena. Suplemento de Excelsior.

Lezama Lima, José. “Pensamientos en La Habana.” Órbita. Editor Armando Álvarez Bravo. La

Habana: Ediciones Unión, 1966: 101-08.

Martí, José. “Diario de Campaña.” Obras Escogidas. Tomo III. La Habana: Editora Política,

1981: 497-530.

Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Tomo III. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales,

1978.

Padura, Leonardo. “No soy un bestseller.” Conversación franca y abierta con L.P. por Amir

Valle. Librusa. http://www.librusa.com/entrevista4.htm

Piñera, Virgilio. “La isla en peso.” Poesía y Crítica. Prólogo de Antón Arrufat.  México: Consejo

Nacional para la Cultura y las Artes, 1994: 45-57.

Sánchez Aguilera, Osmar. Otros pensamientos en La Habana. La Habana: Editorial Letras

Cubanas, 1994.

Shroder, Maurice Z. “The novel as a genre.” The theory of the novel. Edited by Philip Stevick.

New York: The Free Press, 1967: 13-29.

“Testimonio.” Diccionario de la Literatura Cubana. Tomo II. La Habana: Editorial Letras

Cubanas, 1984: 1013-1015.

 

 

 

 

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De la cazuela cubana.

De la cazuela cubana

Rafael E. Saumell

Sam Houston State University

“Sigamos la metáfora. Ante todo una cazuela abierta. Esa es Cuba”.

Fernando Ortiz (1881-1969)

Ante todo, deseo agradecer a los doctores Ileana Fuentes-Pérez y Orlando Edreira la invitación que me hicieron para formar parte de esta reunión. Hago extensivo mi reconocimiento a todos los organizadores del Coloquio sobre la “Erradicación de la discriminación racial en la futura Cuba democrática” y a los asistentes al evento.[i]

El título de esta ponencia fue tomado de una conferencia leída el día 28 de Noviembre de 1939 por Don Fernando Ortiz a un grupo de estudiantes de la fraternidad Iota-Eta de la Universidad de la Habana. Luego apareció publicada con el título “Los factores humanos de la cubanidad”. Creo que fue allí una de las primeras oportunidades donde expresó: “Cuba es un ajiaco”. Como toda metáfora feliz, el éxito del que ha venido disfrutando desde entonces es incuestionable. Para ampliarla añadió: “Ante todo una cazuela abierta. Esa es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos…” (155)[ii].

La premisa de la cual parte ese concepto nace de la formulación y de la respuesta a una pregunta que sólo en apariencia parece muy sencilla: “¿Qué es la cubanidad?” “…la cubanidad en lo humano es sobre todo una condición de cultura. La cubanidad es la pertenencia a la cultura de Cuba. Pero, ¿cuál es la cultura característica de Cuba?”  (153). La conclusión a la cual arriba es muy sabia: “la cubanidad no está solamente en el resultado sino también en el proceso de su formación, desintegrativo e integrativo, en los elementos sustanciales entrados en su acción, en el ambiente en que se opera y en las vicisitudes de su transcurso” (157).

De cuanto he citado quisiera subrayar cuatro puntos: el resultado, lo desintegrativo, lo integrativo y las vicisitudes de la cubanidad. La interpretación que hago de ellos forman la sustancia de los argumentos que van a escuchar inmediatamente.

En primer lugar, a los componentes del ajiaco tradicional según la denominación de Ortiz en 1939, se añadió veinte años después el de una revolución cuyo resultado histórico más decisivo consistió en adoptar el esquema marxista-leninista como fuerza de estado. Todo el mundo sabe que falleció en La Habana el 10 de abril de 1969, pero todos ignoramos hasta el presente si acaso dejó algún documento donde pudiéramos hallar sus ideas sobre el enorme impacto que ese rumbo ideológico ha ocasionado en el espesor y en el sabor de nuestro ajiaco.[iii]

La denotación inmediata de la palabra racismo como repudio, persecución, discriminación y segregación en contra de otro color considerado inferior, ha sufrido -insisto, ha sufrido- de abundancia represiva: los cubanos padecemos un neo-apartheid, basado no siempre en la pigmentación, ni en la forma de la nariz o de los pómulos, ni en la línea de los labios ni en el tipo de cabellos, ni de cualquier otro rasgo antropomórfico.

Tan grave como lo señalado atrás es la exclusión social de cualquier cubano que no profese, pública y activamente, su admiración y apoyo a la ideología dominante. Ello afecta a negros, achinados de cualquier matiz, jabaos, moros, “pelicoloraos”, mulatos, blancos, la suma de todas esas combinaciones y la multiplicación de todos esos procesos.

El racismo gubernamental perjudica a socialcristianos, neo-liberales, democristianos, socialdemócratas, eco-pacifistas, activistas por los derechos humanos, feministas de tendencia no federada y a los marxistas de la familia perestroika o glásnost. A los católicos, a los protestantes, a los judíos, a los islámicos, a los budistas, a los ortodoxos, a los santeros, a los paleros, a los abakuás, a los ñáñigos, a los espiritistas, a las logias, a los panteístas, a los ateos y a los agnósticos.

No sólo se han abolido los derechos a la propiedad privada y el pluralismo de partidos, la libertad de expresión y de movimiento o la elección de las preferencias sexuales. Cuando en Cuba alguien ha criticado la supresión de esos valores y luchado por rescatarlos, además de parar en la cárcel o en el paredón, se le ha caracterizado de cavernícola, lacayo, gusano y apátrida. Todos los que estamos en esta sala, y de acuerdo con el vocabulario oficial de la Isla, dejamos de ser cubanos desde el instante en que disentimos y, peor aún, desde el momento en que de una u otra manera abandonamos físicamente el archipiélago. No importa el color de la piel sino el del credo político. Esta es la desoladora leyenda del socialismo marxista-leninista en la historia más reciente de Cuba.

A la exterminación de los aborígenes denunciada por el Padre Las Casas, se adicionan los testimonios de millones de cubanos tratados como no-personas debido el mero hecho de su falta de simpatía por el régimen.

¿Han desaparecido, por consiguiente, la discriminación y la segregación basada en el color de la piel y en la cultura? No, persiste. Pero estamos ante un problema nuevo: todos los cubanos gozan de acceso efectivo a la instrucción gratuita, están presentes en las distintas esferas de la actividad humana. Hay muchos obreros, campesinos, técnicos y profesionales negros en la Cuba de hoy. El ejército y las fuerzas policiales cuentan con numerosas tropas y oficiales negros. Los conjuntos artísticos, sean el ballet, la danza moderna, los grupos teatrales, las orquestas, el cine, la radio, la televisión, la literatura, las artes plásticas, reúnen y promueven a los negros y también a los demás.

Hay abundantes parejas interraciales. No hay barrios exclusivos para negros o para blancos o para mixtos, en el sentido que tienen esas clasificaciones en los Estados Unidos de América. No hay necesidad de crear un sistema anti-segregacionista en las escuelas. No hay clubes sólo para blancos, sólo para negros, sólo para mulatos, sólo para discriminarse. Estoy hablando de la fachada únicamente. De aquello que el sistema utiliza como testimonio de inocencia.

Sin embargo, la población dominante en las ciudadelas, que es el eufemismo por “villas-miseria” o “guetos”, es negra. Todavía más: la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en su visita a las cárceles cubanas (1988), anotó en su Informe “que un número considerable de presos era de raza negra” (25). Cuando le comentaron este detalle al Vicepresidente del Consejo de Estado (¿Carlos Rafael Rodríguez?), el funcionario “reconoció que existe una desproporción entre el peso relativo de la raza negra en la población total y su peso relativo en la población penal…” y que “los individuos de esta raza constituyen la mayoría entre las capas más pobres de la sociedad…” aunque “en forma alguna es expresión de una política de discriminación racial sino un residuo del pasado contra el que el régimen todavía sigue luchando.” [iv]

Culpan sólo al pasado -al capitalismo- como si la propia revolución no tuviera aún su propio pasado. Es decir a treinta años de juramentada igualdad socialista la mayoría de la población negra vive hacinada, con muy precarias o inexistentes comodidades sanitarias, devengando bajos salarios, desertando de las escuelas, dedicándose a actividades delictivas y engrosando con terrible ventaja numérica las cárceles del país.

En los niveles máximos del gobierno y del partido comunista, la desproporción es también evidente pero al revés. ¿Cuántos ministros negros hay? ¿Cuántos miembros efectivos del Buró Político son negros? ¿Cuántos integrantes del Comité Central? ¿Cuántos generales en el ejército y en el Ministerio del Interior? ¿Cuántos negros hay en el Consejo de Estado?

Las expediciones militares en África aportan otras interrogantes: ¿Cuántos soldados afrocubanos murieron en la guerra entre Etiopía y Somalia? ¿Cuántos en Angola? El gobierno de Fidel Castro negaba, en los momentos iniciales de esas invasiones, que hubiese presencia del ejército de la isla en esos combates. También escamoteaba que el grueso de las tropas estaba formado por negros. Ningún satélite espía, ningún avión de reconocimiento del enemigo puede diferenciar con exactitud a un negro etíope o angolano de uno caribeño. Para morir a nombre del internacionalismo ser negro constituía un privilegio mortal.

Sin embargo, cuando el negro cubano persiste en mantener sus tradiciones de origen africano el caso es atendido de manera bien diferente. Debe escudarse en los grupos folklóricos, apadrinados por el Ministerio de Cultura, para sobrevivir. Entonces el Estado los admite en su seno a modo de orgullosa manifestación viva de nuestro pasado -enfatizo, pasado- y como a una de las raíces más vigorosas de la nación. Los santeros que ejercen por cuenta de sus orishas y no del Partido Comunista viven otra suerte. Están bajo el permanente escrutinio de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), de la policía, del poder popular y de los tribunales. Nuevos rancheadores para nuevos cimarrones.

Algunos ideólogos del régimen discrepan de los juicios y de las afirmaciones que he adelantado. Miguel Barnet, por ejemplo, es uno de los más importantes expertos en el tema que estamos abordando. Al recibir a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en 1988, dijo que en cuanto a “la Unión de Escritores y Artistas de Cuba… sus miembros profesan diversos cultos religiosos” y que dicha Unión “agrupa a marxistas ortodoxos y liberales, así como a católicos y a quienes practican el culto de la santería” (51). En el mismo informe se cita un testimonio de Ambrosio Fornet, entonces “responsable de la política editorial de la Unión,” según el cual “la orientación ideológica de un trabajo literario no era un elemento que se tomaba en cuenta al decidir su publicación, aunque mencionó “[que]… por ejemplo la Unión prefiere no publicar una obra que presenta una visión parcializada o distorsionada de la Revolución” (51).  Igualmente, Abel Prieto “… expresó que no han ocurrido casos de expulsión de miembros de la Unión, habiéndose tan solo separado a algunas personas por haber infringido los principios de la ética profesional, sea por plagio, mercenarismo artístico o abandono del país y traición a la Revolución” (51). La ideología oficial consistiría en “integrar” a creyentes e intelectuales en instituciones de donde pueden ser expulsados si no comulgan con el socialismo.

Posiblemente deseándolo, o quizás exigiéndolo, ha dado un vuelo intelectual peligroso: a nombre de una teoría que se proclama revolucionaria, adopta los patrones ideológicos de los esclavistas: si el negro quiere ser tolerado en esta sociedad, si pretende sobrevivir, ha de venerar las reglas de juego de la nomenclatura marxista-leninista. Que el día de los CDR salga a festejar a los patrones y que vista los trajes apropiados; que sus santos obedezcan y se subordinen al panteón del partido único. Que el negro se haga miliciano, cederista, internacionalista, comunista y fidelista. Si al final insiste en adorar a Babalú Ayé, a Elegguá, a Changó, a Yemayá, a Orula, a Olofi, que no los ponga a pelear con Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, Yosef Stalin o Fidel Castro. El Elegguá de estos tiempos tiene que abrir los caminos trazados por el secretario general y su buró político.

 

En cuanto a la falta de acceso a los medios masivos de comunicación por las diferentes religiones, José Felipe Carneado, quien fuera jefe del Departamento de Asuntos Religiosos del Comité Central, ha expresado: “…si se quisiera ofrecer el uso de medios de comunicación a las distintas iglesias existentes, el Gobierno carecería de espacio suficiente para llevar adelante sus campañas en el campo social” (31). He traído el tema de las religiones porque no podemos siquiera aproximarnos a la cultura y a las llamadas razas, sin interesarnos por un asunto tan fundamental. El IV Congreso del Partido Comunista de Cuba (1991) se propone incluir en su agenda el ingreso de los creyentes entre la militancia tradicional:

Para promover esos objetivos, el partido tiene que ser un luchador consciente

Y consecuente dentro de la sociedad contra los rezagos de desigualdad y

discriminación de sexo, de raza, o de cualquier otro tipo que puedan existir, por

sutiles que estos sean, lo que supone, entre otros aspectos, la comunicación

sincera con capas y sectores sociales que tienen intereses específicos, entre

ellos los creyentes de los diferentes credos religiosos que comparten nuestra

vida y asumen nuestro proyecto de justicia social y desarrollo, aunque en

algunos aspectos de la ideología se diferencien de nosotros. (http://congresopcc.cip.cu/wp-content/uploads/2011/02/Llamamiento-al-IV-Congreso.pdf)[v]

Castro se ha reunido con un sector de la iglesia protestante para proponer nuevas reglas a las tablas de la ley en la Isla. Una de las réplicas más sensatas a dicha estrategia la dio Monseñor Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de la Habana, mediante una Carta Pastoral titulada “¿Católicos en el Partido Comunista?”: “En otras palabras, el creyente sería admitido en un partido que, en la cuestión religiosa, toma partido por la no creencia como la mejor propuesta para el hombre y la sociedad…Más práctico y más urgente aún, me parece que sería someter a la Asamblea Nacional del Poder Popular un proyecto de ley sobre religión donde se plasmaran los derechos y deberes de los creyentes y de las instituciones religiosas de nuestra sociedad” (1990).[vi]

Se trata de un callejón sin salida motivado no por la elección entre el derecho a creer no. Es un conflicto más profundo, porque la tesis de la coexistencia descansa en la subordinación de todos los demás a un solo discurso político-cultural “pero siempre aplaudiendo” como escribiera Heberto Padilla en sus “Instrucciones para ingresar en una nueva sociedad.”

En este contexto, la discriminación no está limitada sólo a la pigmentación, al origen étnico, a una decisión espiritual o a las formas de la propiedad sobre los recursos naturales, la producción o los servicios. Es algo que trastorna el entendimiento mismo de cuanto aceptamos y propugnamos por cubanidad en el sentido de ajiaco y de la cazuela abierta. Sencillamente y como definió Monseñor Jaime Ortega es un reto “insuperable”, pues el proponente -el partido único- no está compartiendo la nación, sino pretendiendo montar un coro que parezca polifónico.

El desafío es grave. Hay muchas vicisitudes en el terreno de la actual cubanidad, aquí y en la Isla. Cuando se estrenó el documental Havana (1990) de Jana Bokova hubo muchas opiniones interesantes entre los cubanos exiliados. Varias fueron reproducidas por la prensa en español del sur de la Florida. Cierta señora mostró asombro debido a lo que ella califica de “haitianización” de nuestro país. Lo curioso es que siempre estuvimos “haitianizados” desde que los primeros colonizadores exterminaron a los aborígenes y se decidió suplantarlos con la mano de obra africana. Siempre estuvimos “achinados” desde que la supresión de la trata hizo pensar en la utilidad de los culíes. Siempre estuvimos europeizados desde que el Almirante trajo su flotilla, integrada en parte por personas de conflictivos expedientes criminales y en parte por gentes laboriosas y temerosas de Dios; de judíos que escapaban de los acosos en la España del siglo XV. En los puertos de Cuba desembarcaron irlandeses, canarios, norteamericanos, ingleses, turcos, egipcios y cuanta criatura se sintió atraída o arrastrada por el delirio del Nuevo Mundo.

Ése es el ajiaco criollo al que se refiere Ortiz. El discurso de la cultura cubana que todos vamos a recrear en el futuro exige esa conciencia: que cada cual sea capaz de afirmar a sus ancestros y de convivir con los otros en condiciones de honesta igualdad. Que cada cual lleve su ofrenda al ajiaco y que cada cual lo saboree. Pero importante como todo ello es que una vez levantada la tapa de la olla, nadie pueda volver a cerrarla jamás.

No debe haber sitio para que prosperen ni las antiguas ni las nuevas intolerancias. Somos muchos los discriminados aquí y allá. Nunca se hizo un ajiaco con una sola vianda ni con una sola carne. Los racistas de cualquier bando deberían pensar que para llamarse cubanos tienen, ante todo, que deponer esos prejuicios. Con la cazuela abierta: ése es el único modo de ser cubanos.

Saint Louis, MO 1989 – Texas, siempre en Texas, abril y mayo de 2016

[i] Ofrecí esta ponencia en 1989 en el Kean University, Union City, New Jesery, invitado por las personas mencionadas en este párrafo y en la ocasión señalada. Las referencias al contexto histórico-político tienen como marco de referencia ese período, aunque en el presente (2016) muchas de ellas conservan actualidad.

[ii] Fernando Ortiz. “Los factores humanos de la cubanidad”. Órbita de Fernando Ortiz. Selección y prólogo de Julio Le Riverend. La Habana: Ediciones Unión. Colección Órbita, 1973: 149-157. Originalmente publicada en Revista Bimestre Cubana. No. 2 Vol. XLV, La Habana, marzo-abril 1940: 161-186.

[iii] Fecha proporcionada por Julio Le Riverend (48).

[iv] Datos tomados de Naciones Unidas. Consejo Económico y Social. Estudio del Informe de la misión realizada en Cuba de acuerdo con la decisión 1988/106 de la Comisión de Derechos Humanos. Original Español. 21 de febrero de 1989. 380 Pp. Salvo lo contrario, los criterios de Barnet, Fornet y Prieto proceden de esta fuente.

[v] En los Estatutos del PCC de 1991, inciso J se lee: “Enfrentar resueltamente los prejuicios y conductas discriminatorias por color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial y otros que son contrarios a la Constitución y las leyes, atentan contra la unidad nacional y limitan el ejercicio de los derechos de las personas” (http://www.pcc.cu/pdf/documentos/estatutos/estatutos6c.pdf).

[vi] Diario Las Américas. Domingo 29 de julio de 1990: 4-A.

Publicado en Abel E. Prieto, Ambrosio Fornet, Cazuela y Ajiaco, Cubanidad, Derechos Humanos en Cuba, Fernando Ortiz, Ileana Fuentes, Jaime Ortega Alamino, Cardenal, Miguel Barnet, Orlando Edreira, Partido Comunista de Cuba, Uncategorized | Deja un comentario

Simpatía por el diablo

 

Jorge Posada Galigarcía

En el verano de 1969 yo tenía veintidós años, estudiaba francés en la escuela de idiomas Abraham Lincoln, trabajaba en un taller de enrollados de motores y tenía una discreta melena que no me llegaba a los hombros. Hacía tiempo que el régimen castrista había desatado su persecución contra los peludos, los “decadentes rezagos del capitalismo” y cualquier expresión de libertad individual. A pesar de no tener el pelo muy largo, las pulgadas de más provocaban que fuera mal visto en el trabajo, en la escuela y en la calle. Sólo a mi familia parecía no molestarle, sobre todo a mi madre: “Me encanta cómo te queda. No te peles”, me decía dándome apoyo.

El autor en Cuba en 1970
El autor en Cuba en 1970

¿Qué piensan los artistas del discurso del presidente Barack Obama en La Habana?

Cuando aquello, las recogidas de melenudos en lugares estratégicos de La Habana estaban a la orden del día; se expulsaba sistemáticamente de la universidad a estudiantes por fabricadas acusaciones como “diversionismo ideológico“, “inmoralidad” o “desviaciones sexuales”, y cada vez era mayor la represión del aparato. Cualquier cosa se podía considerar un símbolo inadmisible de la sociedad de consumo.
En uno de sus prepotentes discursos, Fidel Castro la arremetió con ensañamiento contra los jóvenes: “Muchos de esos pepillos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes elvispreslianas, y han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre”.

Los Rolling Stones dicen “Hola Cuba” y prometen “histórico” concierto
Para el sistema, todo aquél al que le gustara usar pantalones muy estrechos y tuviera el pelo largo era un homosexual en potencia, un estrafalario al que había que desaparecer y un simpatizante del imperialismo. Y el rock and roll se convirtió en una de las manías del castrismo y sus jenízaros.

 

El frustrado saludo revolucionario de Castro y Obama

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Fidel Castro arremete contra los rockeros

Fragmento del discurso pronunciado por Fidel Castro en la escalinata de la Universidad de la Habana, el 13 de marzo de 1963, donde hace referencia a rockeros y homosexuales. Tomado del documental “Sexo, historias y cintas de video” (2007), del realizador
Ricardo Figueredo.

Aunque todos los grupos eran malditos, desde el principio las dos bandas más atacadas fueron los Beatles y los Rolling Stones. Eran demasiado irreverentes, demasiado escandalosos y tenían demasiadas greñas para ser aceptados por una dictadura a la que sólo le gustaba Carlos Puebla y vivía obsesionada con la disciplina, la obediencia y el pelado militar. No tardaron mucho en eliminarlos de populares programas de radio como Sorpresa musicaly Nocturno, y pobre del que la policía atrapara con algún disco vetado. Muchos peludos fueron pelados a la fuerza, pero antes les rompían el disco en plena calle. A las fiestas y reuniones se llevaba escondidos el Rubber Soul dentro de una carátula de Pello el Afrokán, el Beggars Banquet de los Rolling dentro de una colección de danzones de Barbarito Diez, y un long playingde Simon & Garfunkel, oculto dentro de uno de la Orquesta Aragón. La gente se turnaba para vigilar desde el balcón o de atrás de la puerta, por si la vieja chivata (siempre la chivata era una vieja) del comité de defensa denunciaba la velada y llamaba a la policía.

El roquero más viejo de Cuba no podrá ver a los Rolling Stones

Expresamente proscrito este tipo de música en radio, televisión y lugares públicos, y rodeados de miedo, delaciones y miseria, los muchachos se las arreglaron y encontraron otras vías para escuchar de forma clandestina las canciones.

El escritor y bloguero Roberto Madrigal salió de Cuba en 1980 por el Puente Marítimo del Mariel y vive en Cincinnati, Ohio, desde hace más de treinta años, donde trabaja como psicólogo especializado en trastornos del desarrollo. Testigo elocuente de aquella época, cuenta Madrigal: “Además de las estaciones de Miami que entraban con cierta facilidad como WQAM primero y WGBS luego, en viejos radios Zenith o Admiral oíamos mucho el programa Beaker Street de la emisora KAAY. Transmitía desde un lugar tan remoto como Little Rock, Arkansas, de diez de la noche hasta la madrugada. Allí entre otros, conocimos a Pink Floyd, Grateful Dead, Jefferson Airplane, los Doors, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Éramos más conocedores de la llamada música del enemigo y disfrutábamos el añadido encanto que le daba la censura, ya que le daba importancia al considerarla peligrosa”.

Opositores consideran reunión con Obama como espaldarazo a su labor en Cuba

El sentimiento de inseguridad, tristeza e indefensión lo impregnaba todo; el aislamiento, la amargura y la incomunicación nos petrificaban y en ese mundo donde el futuro pertenecía por entero al socialismo, sobrevivíamos como podíamos.

Orlando Real, que salió de Cuba vía Ecuador, donde trabajó como maestro de francés, y ahora vive retirado en West Palm Beach, fue también testigo de los abusos, las injusticias y el acoso del que era objeto la población joven. “Una noche yo estaba en La Rampa y vi cómo unas conocidas actrices con largas tijeras le cortaban a un melenudo el pantalón estrecho que tenía puesto, a todas estas gritándole insultos de vago, niño bitongo y antisocial. Otro día, iba en una guagua y alguien que llevaba a la vista un disco culpable se buscó un problema tan grande con un teniente del ejército que antes de terminar el viaje lo bajó y se lo llevó preso. Nos quemaron nuestra juventud”.

 

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Preparativos en camino para el concierto de los Rolling Stones el viernes en Cuba

Dale Skjerseth, gerente de producción de los Rolling Stones, explica los preparativos para el concierto histórico en Cuba. Los Rolling Stones estaran en concierto el Viernes Santos en el complejo de Deportes de la Habana.
Al Diaz- adiaz@miamiherald.com
Fueron tiempos de atropellos violentos, de un feroz hostigamiento y depuraciones en todas partes; de llevarse a los aspirantes a hippies para los campamentos de trabajo forzado de la UMAP, las granjas de reeducación y las cárceles.

Discurso del presidente Obama al pueblo cubano (transcripción oficial)

Por su parte, el escritor Rafael Saumell, ex guionista de radio y televisión en Cuba, ex preso político, y en la actualidad profesor de Sam Houston State University, en Texas, dice: “La censura era férrea y los funcionarios controlaban rígidamente el vestuario. El peor de todos era un personaje tenebroso llamado Papito Serguera que años más tarde dijo cínicamente que nunca tomó ninguna decisión por su cuenta, que solamente cumplió las orientaciones de la alta dirigencia del país. En los programas musicales y las comedias de televisión no se permitía salir con pulóveres de rayas transversales, jeans, botines, camisas de colores psicodélicos, cinturones anchos con hebilla y mucho menos con el pelo largo. Nada más que se podía cantar en español. El pilón, el mozambique y el pacá, eran los ritmos más o menos oficiales. La música en inglés era satánica”.

Con cinco décadas de retraso y después de haber sido prohibidos por decreto gubernamental de la casta aún dominante, cantan por fin en La Habana los antes odiados Rolling Stones. Desde entonces la cúpula gobernante cubana no ha cambiado. Continúa siendo la misma enfermiza dictadura totalitaria, intolerante y opresora de siempre, mientras los veteranos Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood, integrantes de la banda de rock and roll más antigua y famosa del planeta, siguen enloqueciendo a multitudes en estadios repletos, vendiendo discos y fascinando a generaciones de todo el mundo.

Por suerte, Fidel Castro, su hermano Raúl y la camarilla que los acompañan desaparecerán algún día. En cambio, los viejos rockeros no morirán jamás.
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“Buscando al rey David en Santa Clara, Cuba”.

Origen: “Buscando al rey David en Santa Clara, Cuba”.

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El regalo (1964), de Nelson Rodríguez Leyva

Origen: El regalo (1964), de Nelson Rodríguez Leyva

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El regalo (1964), de Nelson Rodríguez Leyva

El regalo

El regalo

PRÓLOGO
Nelson Rodríguez, ¿alguien recuerda ese nombre? ¿Recoge la Historia ese nombre?
Reinaldo Arenas
Lector: Nelson Rodríguez Leyva (Villa Clara, 19 de julio
de 1943), autor de la colección de cuentos titulada El regalo
(Ediciones R: La Habana, 1964), murió fusilado en los fosos
de La Cabaña (¿1971 o 1972?)1 junto a su amigo y cómplice
Ángel López Rabí (La Habana, 1957), por haber intentado
desviar una nave aérea y lanzado una granada en pleno vuelo,
con la intención de ir, no a Cienfuegos, sino a los Estados
Unidos. Ambos fueron neutralizados por los custodios y la
nave regresó al aeropuerto José Martí. Nelson trató de escapar
del avión pero sufrió heridas serias. Así lo cuenta Reinaldo
Arenas en Antes que anochezca (1992): “las hélices del
avión lo atraparon y durante un año estuvo hospitalizado en
estado de gravedad” (175). Hubo un tercer implicado, Jesús
Castro Villalonga, quien desistió de sumarse al plan a última
hora: “fue condenado a treinta años de cárcel” (175).
1 Casi todas las referencias bibliográficas sobre el fusilamiento de Nelson
Rodríguez Leyva y su amigo, el joven poeta Ángel López Rabí, señalan la
fecha de 1971 como el año en que se produjo. Es decir, en el mismo año en
que los detuvieron tras su frustrado secuestro del avión. Sin embargo, Reinaldo
Arenas (que en sus libros Arturo, la estrella más brillante (1984) y Necesidad
de Libertad (1986) apunta 1971 como fecha de la muerte de estos dos escritores
cubanos) en su libro autobiográfico Antes que anochezca (1992) nos dice: En
cuanto el avión logró aterrizar, Nelson aprovechó la confusión y se lanzó por
el hueco del avión; las hélices lo atraparon y durante un año estuvo hospitalizado
en estado de gravedad. Cuando los médicos de la Seguridad del Estado
lograron curarlo, fue sentenciado a muerte y fusilado, junto a su amigo Ángel
López Rabí, de sólo dieciséis años de edad. (Nota y subrayado del Editor).
16
En su ensayo sobre Arenas, Rafael Ocasio se refiere a
ellos y al fracasado secuestro de la aeronave. Cita a Pierre
Golendorf (1977), fotógrafo y periodista francés que cumplió
prisión en el Castillo del Príncipe por aquellos años.
Así pudo conocer a los tres consortes de causa. Basado en
sus conversaciones con ellos, Golendorf le atribuye a Castro
Villalonga la información de que a causa de la explosión
de la granada murió una aeromoza (150-151).
Sin embargo, en el documento Agresiones de Estados
Unidos a Cuba, que incluye datos sobre secuestro de aviones,
se lee lo siguiente: “71/07/11 Muerto el jefe de la unidad
de Cubana de Aviación en Cienfuegos y herida otra
persona cuando se enfrentaron a un grupo terrorista cuyos
integrantes, armados con granadas de mano, intentaron secuestrar,
en pleno vuelo, un avión AN-24 CUT-878. Durante
el forcejeo hizo explosión una de las granadas, ocasionando
las víctimas citadas. El intento de secuestro fue
frustrado”. [Mi énfasis]
El informe Secuestro de aviones relata el mismo hecho y
proporciona los nombres de los dos militares:
1971, julio 11. Resulta muerto Reynaldo Naranjo
Leyva [sic]2, jefe de la unidad de Cubana de Aviación
en Cienfuegos, y herido el teniente José Fernández
Santos, cuando se enfrentaron a un grupo de contrarrevolucionarios,
quienes armados con granadas de
mano intentaron secuestrar, en pleno vuelo, un avión
AN-24 CUT-878. Durante el forcejeo hizo explosión
una de las granadas… [Mi énfasis]
Justamente en la entrada de EcuRed que lleva el nombre
de Naranjo Leyva hallamos una declaración formulada por
2 Su nombre y dos apellidos aparecen escritos de dos maneras: a) Reynaldo
Naranjo Leyva y b) Reinaldo Naranjo Leiva.
17
Miriam Almaguer Sabina, uno de los cuarenta y seis pasajeros
en ese vuelo. Por cierto, los editores de esa página le
cambian el apellido a Nelson, de Rodríguez a López. Según
ella todo comenzó cuando la aeromoza, Dania Valdés Martínez,
había terminado de repartir la merienda y empezaba
a recoger las tazas y los vasos. Cuando se paró al lado del
asiento donde iban Ángel y Nelson, éste trata de agarrarla
por el cuello:
…ella se defiende con la bandeja, lo golpea y forcejea,
no se deja conducir hacia la cabina de los pilotos,
como pretendía el atacante. El agresor, siempre tratando
de sujetar a la azafata, le [sic] grita a los pasajeros:
-Tírense todos al suelo, esto va para Miami… “Sale
entonces el teniente Fernández desde la parte posterior
de la nave aérea, preguntando qué pasa, y cuando
se percata de lo sucedido extrae su arma y conmina al
secuestrador a soltar a la aeromoza, y en un momento
en que ésta logra desprenderse un tanto, el militar
dispara y hiere al hombre en un brazo.
– “Que nadie salga al pasillo -grita ahora Fernández-
al que salga le disparo, porque yo no sé quiénes
son los cómplices. “Los pasajeros se reclinan en sus
asientos, pero yo me mantengo alerta por si puedo
ayudar en algo. Entonces el bandido que agarra a Dania
le grita al otro [Ángel] que estaba sentado a su
lado y que ha permanecido como indeciso: – ¡Tira la
granada! ¡Tírala, que estamos perdidos…!
“Y aquel obedece. Lanza con fuerza el artefacto
explosivo hacia la cola del avión. Con un sonido
sordo rueda por el pasillo hacia el compartimiento
de carga. En ese momento se le interpone Reinaldo
Naranjo, que está de pie al fondo, toma la granada
18
entre sus manos, y se tira al piso con ella, apretada
fuertemente sobre su estómago…”
Hasta aquí y, en general, el testimonio de Almaguer Sabina
coincide con el publicado por Arenas. Nótese, sin embargo,
que ella señala a Fernández como el militar que le
dispara y hiere a Ángel, un hecho no destacado por Arenas,
para quien las lesiones sufridas por su amigo fueron causadas
por una de las hélices mientras trataba de alejarse del
avión tan pronto regresaron al aeropuerto José Martí. En su
relato, ella ofrece una versión diferente:
Hubo una explosión terrible, hubo olor a pólvora…
El teniente Fernández también está herido. Esquirlas
de la granada penetran en su cuerpo causándole lesiones
internas, particularmente en el hígado, y la onda
expansiva lo lanza y se le fractura una pierna.
Los daños en el hígado determinarán su muerte
años después… Al fin comienzan a descender en
La Habana. Antes de detenerse completamente en la
pista, bajo un aguacero fortísimo, aún durante el taxeo
del avión, los fallidos secuestradores se lanzan
por la puerta trasera que han abierto. Con sus últimas
fuerzas, y creyendo que están en Miami, el teniente
Fernández dispara sobre los agresores que van en
fuga y acierta a uno. [Mi énfasis]
Por ella no logramos saber quién fue ese “uno” aunque
puede especularse que Nelson haya sido el impactado, en
este caso por segunda vez, pues Arenas, como se ha expresado
antes, sostiene que “durante un año estuvo hospitalizado
de gravedad” (175). Del correspondiente juicio contra Nelson,
Ángel y Jesús sólo se conoce lo manifestado por Eulogio
Naranjo, primo de Reynaldo, quien por cierto menciona a un
19
cuarto implicado del cual no se había hablado nunca, asunto
del cual nadie había hecho referencias con anterioridad.
Asistí al juicio por esos hechos, en La Habana. Se
determinó la culpabilidad de los dos autores directos,
que recibieron la pena capital; eran dos reclutas de la
Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), homosexuales;
y de otros dos implicados [¿?], un recluta
de una unidad de tanques, que les dio las granadas, y
un empresario que tenía relaciones con ellos. El recluta
fue sancionado a 30 años de prisión, y a veinte años el
otro… [Mi énfasis]
Históricamente, el terrorismo y la piratería aérea constituyen
delitos severamente castigados en Cuba, mediante
el fusilamiento de los sentenciados. Esta pena se ha aplicado
con bastante frecuencia desde 1959. En este momento
hay una moratoria iniciada en 2003 luego de la ejecución,
por actos calificados de terrorismo, de tres personas (Enrique
Copello Castillo, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge
Luis Martínez Isaac), quienes junto a otros implicados
trataron de apoderarse, con pasajeros y todo, de una de las
lanchas (Baraguá) que hacen sus recorridos diarios en la bahía
de La Habana. En este caso no hubo un solo lesionado
ni fallecido (Causa 17 de 2003 Sala de los Delitos contra la
Seguridad del Estado).
Según Alfonso Serrano Gómez, desde el mismo 1959 “el
Código de Defensa Social fue agravando la previsión de la
pena de muerte a través de diversas leyes: Ley 425, de 7 de
julio de 1959; Ley 923 de 4 de enero de 1961; Ley 988 de 29
de noviembre de 1961; Ley 1098 de 26 de marzo de 1963 y
Ley 1248 de 23 de junio de 1973” (1992). Los códigos penales
de 1979 y 1987 (éste con modificaciones ulteriores), la
mantienen.
20
Capítulo III Sección Primera, artículo 29:
“1. La sanción de muerte es de carácter excepcional,
y sólo se aplica por el tribunal en los casos más
graves de comisión de los delitos para los que se halla
establecida. • 3. La sanción de muerte no puede
imponerse a los menores de 20 años de edad ni a
las mujeres que cometieron el delito estando encinta
o que lo estén al momento de dictarse la sentencia.
• 4. La sanción de muerte se ejecuta por fusilamiento”.
[El énfasis es mío y con ello trato de llamar la
atención sobre el hecho de que basado en este punto,
López Rabí no debió ser pasado por las armas].
En un artículo enfilado contra el libro de Edmundo Desnoes
Los dispositivos en la flor (1981), Arenas señala lo
ocurrido a López Rabí: “un sistema que fusila niños de
quince años”. Es probable que el delito imputado a Nelson
y a sus amigos haya sido radicado como terrorismo y piratería
según la definición que de ambos hace el Código Penal
Cubano.
En una alocución hecha en la Plaza de la Revolución el
seis de octubre de 2001, con motivo del aniversario veinticinco
de la explosión en el aire de un avión en Barbados,
Fidel Castro ofrece detalles sobre el número de secuestros
de aeronaves desde 1959:
La mayor parte…se produjeron entre 1959 y 1973.
Ante el riesgo de que se produjera una catástrofe en
Estados Unidos o en Cuba…el Gobierno de Cuba
tomó la iniciativa de proponer al Gobierno de Estados
Unidos —presidido entonces por Richard Nixon,
con William Rogers como secretario de Estado— un
acuerdo para el tratamiento de los casos de secuestro
21
de aviones y la piratería marítima. La proposición fue
aceptada y se trabajó con premura en la elaboración
de dicho acuerdo, que fue firmado entre los representantes
de ambos gobiernos el 15 de febrero de 1973 y
publicado de inmediato en la prensa de nuestro país,
dándosele amplia divulgación. En ese acuerdo, racional
y bien elaborado, se establecían sanciones fuertes
contra los secuestros de aviones y naves marítimas.
Fue disuasivo. Desde esa fecha, el secuestro de aviones
cubanos disminuyó considerablemente y durante
más de 10 años sólo se registraron en nuestro país
intentos baldíos. (2001)
¿Por qué Nelson, Ángel y Jesús elaboraron un plan de
fuga tan peligroso y de gravísimas consecuencias? ¿Cuáles
fueron las razones que los llevaron a querer irse, con riesgo
de sus vidas y las de los pasajeros que viajaron con ellos
en aquel día de 1971? ¿Por qué se sentían desesperados?
Nunca tendremos las respuestas que necesitamos. Nelson
y Ángel están muertos. Jesús, hasta donde se sabe, no ha
hecho pública su versión de los acontecimientos.
Lo poco que conocemos procede de fuentes secundarias,
como Arenas que fue un testigo excepcional de las
últimas horas de esos muchachos en las calles de La Habana.
Nunca los olvidó. Quizás veía en ellos a tres hombres
insumisos y temerarios, capaces de idear un tipo de acción
para la cual él quizás no se sentía preparado ni física ni
emocionalmente.
Muchos cubanos se han lanzado y siguen echándose al
mar en embarcaciones precarias. Los menos han secuestrado
naves pertenecientes al omnipotente estado. Unos han
llegado a los Estados Unidos, otros han sucumbido en el
intento, ahogados, devorados por la sed y el sol o por los tiburones.
El Estrecho de la Florida es el cementerio marino
22
de quién sabe cuántos miles. Algunos fueron arrestados antes
de zarpar, a causa de una delación o de la mala suerte, a
varios los persiguieron y capturaron las naves de la Marina
de Guerra y de las Tropas Guardafronteras. Todos pagaron
con años de cárcel.
Durante mis años de presidio en los ochenta del siglo
pasado coincidí y traté con hombres muy semejantes a Nelson,
Ángel y Jesús. Les llamaban lancheros a quienes habían
optado por la vía marítima. Floro, El padrino, Edmundo,
Angelito, Sergito y miles más cumplían condenas de
diversa gravedad por satisfacer el simple deseo de desembarcar
en la Florida. También hubo casos diametralmente
opuestos. Digamos, quienes hicieron el viaje a revés, es
decir desde los Estados Unidos a Cuba. Se habían ido a
través del puerto de Mariel o emigrado antes de 1980.
La mayoría había dejado atrás a hijos, esposos, padres,
hermanos. Querían volver por el temor de que a lo mejor
nunca se reunirían con ellos. Sin embargo, el gobierno no
les permitía repatriarse. Entonces se decidieron a secuestrar
aviones para aterrizar en La Habana. O se valieron de
embarcaciones para llegar a cualquier puerto de mar. Dos
ejemplos. Un muchacho “invitado” a emigrar por el Mariel
en 1980 mientras estaba ingresado en el Hospital Psiquiátrico
Mazorra. Nostálgico de su casa y de sus padres compró
un boleto de avión y lo desvió a La Habana valiéndose de
un pomo de alcohol y de un encendedor. Lo sentenciaron
a veinte años. El segundo vivía en Puerto Rico hacía una
buena cantidad de tiempo. Decidió retornar y para lograrlo
desvió un avión comercial. Igual pena, veinte años. A ellos
les colgaban el apodo de “pilotos”. Estaban de vuelta, presos,
pero más cerca de sus familiares según alegaban. En ese
contexto, los guardias y los presos políticos repudiaban con
la misma sorna a quienes calificaban de amigos del muerto
y socios del enterrador.
23
En la contraportada de El regalo aparece una mínima ficha
biográfica de Nelson. Aparte de lo ya explicado al inicio
de este prólogo, podemos enterarnos de que había estudiado
en los Maristas, sin aclarar si se trataba de una sucursal en la
antigua provincia de Las Villas o donde aún hoy está la sede
de los Órganos de Instrucción de la Seguridad del Estado en
La Habana. Además se lee que fue “maestro voluntario en la
Sierra en 1960. Trabaja en el aeropuerto José Martí. Prepara
un libro de poemas”. Qué ironía la de su empleo. ¿Qué puesto
ocupó allí? ¿Le vino de esa experiencia la inspiración de
adueñarse de un avión siete años después? ¿Qué pasó entre
aquel período de entusiasmo juvenil de 1960 y posteriormente
el desencanto, la desesperación, la frustración y el suceso
terrible de 1971?
Nelson era homosexual y en el ambiente de la época esa
identidad resultaba suficiente para que alguien -¿Un familiar?
¿Un compañero de trabajo? ¿El Comité de Defensa
de la Revolución (CDR)?, ¿El comité militar de su municipio?-
lo señalara como lacra social. El remedio para las
“desviaciones” ideológicas, religiosas y sexuales consistió
en reclutarlos para el Servicio Militar Obligatorio (SMO)
pero con un destino especialmente cruel: las Unidades Militares
de Ayuda a la Producción (UMAP).
En el ensayo “El diversionismo ideológico del rock, la
moda y los enfermitos”, Ernesto Juan Castellanos cita un
discurso de Fidel Castro pronunciado en 1963 donde éste se
refiere a “la adversa relación entre la Revolución y ciertos
sectores religiosos, sobre todo los Testigos de Jehová, el
Bando Evangélico de Gedeón y la Iglesia Pentecostal, a los
que consideró enemigos de la Revolución” (4-5). Enseguida
reproduce un fragmento largo de ese texto donde Castro
se dedica a expresar sus opiniones sobre otros grupos de
jóvenes cuya conducta le preocupaba y por eso atacaba:
24
Claro, por ahí anda un espécimen, otro subproducto
que nosotros debemos de combatir. Es ese joven que
tiene 16, 17, 15 años, y ni estudia, ni trabaja; entonces,
andan de lumpen, en esquinas, en bares, van a algunos
teatros, y se toman algunas libertades y realizan algunos
libertinajes. […] Claro que no chocan contra la
Revolución como sistema, pero chocan contra la ley, y
de carambola se vuelven contrarrevolucionarios. […]
Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses,
andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos;
algunos de ellos con una guitarrita en actitudes
«elvispreslianas», y que han llevado su libertinaje a
extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia
pública a organizar sus shows feminoides por la libre.
Que no confundan la serenidad de la Revolución
y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades
de la Revolución. Porque nuestra sociedad no puede
darles cabida a esas degeneraciones. […] Estoy seguro
de que independientemente de cualquier teoría
y de las investigaciones de la medicina, entiendo que
hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y de reblandecimiento
en ese problema. Pero todos son parientes:
el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el
«pitusa» [pantalón vaquero: mi explicación]. (5)
Cuando vemos el filme Conducta Impropia (1984), o
leemos Arturo, la estrella más brillante (1984) y Un ciervo
herido (2002) de Félix L. Viera, entendemos perfectamente
porqué Nelson llega a acumular tanta crispación, agonía y
sensación de encierro en una sociedad homofóbica capaz
de estipular leyes y promover exclusiones destinadas a perseguir
y a castigar a miles de gentes como él. Las puertas
para huir a otro sitio estaban cerradas a cal y canto. Volar al
25
exterior a cualquier precio fue la única solución que le vino
a la mente.
No debe sorprender que el ingreso y la estadía en la
UMAP hayan cambiado radicalmente su destino personal y
literario. El libro de poemas anunciado en la contraportada
desapareció. El período que pasó en la UMAP, añadido a
la discriminación homofóbica dominante, tiene que haber
sido insoportable. Castellanos las denomina “unidades de
trabajo duro…donde fueron confinados, sin excusas y en
igualdad de condiciones, miles de homosexuales, religiosos
—sobre todo Testigos de Jehová—, y jóvenes verdaderamente
antisociales. El objetivo era preciso y claro: reeducarlos
hasta «hacerlos hombres» de la nueva sociedad, y cubrir
así aquellas convicciones y «lagunas» sociales, morales
e ideológicas que los habían llevado allí” (17).
Por eso Arenas, que padeció la cárcel, la censura y el
ninguneo, que sí logró exiliarse, lo recuerda insistentemente.
De ahí que lo evoque en al menos tres obras suyas. Le
dedica Arturo, la estrella más brillante (1984): “A Nelson,
en el aire”. En Antes que anochezca escribe sobre Nelson
en dos capítulos: “Mi generación” (114-117) y “Nelson
Rodríguez” (173-176). En éste declara que “…en el exilio,
escribí un poema en el que le [sic] pedía a los dioses que
Nelson permaneciese siempre así, granada en mano, huyendo
de la isla” (175). El poema en cuestión se titula “Si te
llamaras Nelson (A un joven norteamericano)” terminado
en Nueva York el 14 de agosto de 1983: “Si te llamaras Nelson/
estarías ahora intentando salir de tu país/estarías ahora
lanzándote al mar/estarías ahora siendo capturado en pleno
vuelo/estarías ahora siendo capturado antes de que iniciases/
la estampida” (Necesidad de libertad, 1986: 204-206).
En este mismo libro, que reúne una serie de conferencias
y artículos posteriores a 1980 y hasta su muerte, lo incluye
en “La represión (intelectual) en Cuba”: “podría comenzar
26
a hablar de cómo, desde 1963, se crearon en Cuba campos
de concentración [UMAP, Unidades Militares de Ayuda a
la Producción]; adonde fueron a parar gentes como “Nelson
Rodríguez… ¿Alguien recuerda ese nombre? ¿Recoge
la Historia ese nombre?…Nelson Rodríguez era un joven
escritor cubano que ahora [1980] tendría mi edad de no
haber sido porque, luego de haber salido enloquecido de
esos campos de concentración, intentó (oh, hereje) abandonar
por cualquier vía aquel paraíso…Averigüen, indaguen:
Nelson Rodríguez…autor de un libro de cuentos…publicado
por las Ediciones R, dirigidas entonces (brevemente) por
Virgilio Piñera” (43).
Afirma que Nelson escribió otro libro donde “narraba
la situación de los forzados en un campo de trabajo en la
UMAP”. Dice que mereció el elogio privado de Jorge Edwards…”
(224). En Antes que anochezca señala que Nelson
le había pedido que se lo recomendara a su editor en Francia,
lo cual hizo pues entiende que se trataba de “un libro
extraordinario constituido por innumerables viñetas donde
narraba cosas ocurridas en el campo de concentración donde
había estado” (173). Ese manuscrito ha desaparecido
aunque podría conjeturarse que está custodiado en los archivos
de la policía.
Edwards contradice a Arenas en cuanto a la valoración
de la obra: “en alguna tertulia de escritores cubanos, durante
mi primer viaje a La Habana de 1968…Estaba invitado
para participar en el jurado del premio de Casa de las Américas
y me había encontrado con un manuscrito revelador e
inconveniente: un conjunto de relatos sobre la UMAP…eufemismo
para designar campos de concentración destinados
a homosexuales, drogadictos y otras “lacras sociales”. Mis
compañeros de jurado preferían no referirse al manuscrito,
pero había una sensación flotante de incomodidad. Los textos
no estaban demasiado bien escritos y eso impidió que
27
fueran considerados en forma seria para el premio, cosa que
habría constituido un escándalo público mayor” (41-42).
Dicho libro y la situación imperante en el país fueron los
temas de conversación entre Arenas, Nelson y Jesús Castro
Villalonga en el Carmelo de Calzada. Allí se despidieron.
Por supuesto, nunca más volverían a encontrarse porque
dos días después Reinaldo lee la noticia del malogrado secuestro
en el periódico Granma (174-175).
Han pasado cincuenta y un años de la publicación de El
regalo y cuarenta y dos del fusilamiento de Nelson y Ángel.
En este lapso el nombre del primero y los textos de su
opera prima y única han aparecido en dos antologías: “El
regalo” en Cuba: una revolución en marcha. (Selección y
montaje de Francisco Fernández Santos y José Martínez.
París: Cuadernos de Ruedo Ibérico, 1967), y “Cauchemar”
[“Pesadilla”] en Cuba. Nouvelles et contes d’aujourd’hui.
Sélection, traduction, introduction et notes de Liliane Hasson.
París: L’Harmattan, 1985.
El regalo está dedicado a Elena Parente, de quien no hay
más noticia que su nombre y apellido. El diseño es de Santiago
“Chago” Armada. Recoge veinticuatro cuentos breves
muy bien escritos. Por cierto, nada tienen que ver con la
política cultural que ya venía ejecutando el gobierno como
se puede comprobar en el libro Polémicas culturales de los
60 (2006).
El narrador lleva a sus lectores a laberintos fantásticos,
a relatos propios de la ciencia ficción como el firmado por
un tal N. Popiev en el año 2500 (“Anuario”), o un viaje al
centro de la tierra emprendido para llegar a China (“El viaje”);
hace predicciones como la del cambio climático, motivo
por el cual el protagonista se ve forzado a convertirse
en un hombre anfibio en medio de la sexta guerra mundial
(“Repetición”); o aquel personaje que se niega a envejecer
28
durante decenios y siglos para terminar como ejemplar de
muestra en un zoológico (“Almanaques”).
Debido al tono narrativo, la abulia y el desdén del protagonista,
el relato “Día de domingo” presenta similitudes
con Meursault, el personaje creado por Albert Camus para
su novela El extranjero. Quizás uno de los más logrados
es “Pesadilla”, donde el personaje descubre que va muriéndose
hasta vaciarse del todo, una especie de variación
del “Retrato oval” de Edgar Allan Poe. En “No leer”, por
ejemplo, el lector es quien resulta absorbido por el libro
cuyo volumen crece mientras disminuye el del lector reducido
a pura tinta. En “Recuerdos”, el protagonista muerto
construye la narración de su propio funeral, dentro de
una atmósfera al modo de Pedro Páramo de Juan Rulfo.
En “La pelea” se invierte el foco narrativo. Son los
gallos quienes actúan de observadores de las peleas entre
hombres en una valla. “En la escuela” tiene lugar una
metamorfosis de índole kafkiana cuando el director de una
escuela se transforma en un animal feroz. En esa línea se
destaca, igualmente, “Siquis” donde un león es el dueño
del hombre que vive enjaulado. Igual ocurre con “La casa”
cuya construcción y disposición de espacios rompe con los
moldes de la tradición lo cual explica por qué el garaje está
situado a treinta metros de altura.
“Inconformidad” y “La media” son los relatos que mejor
pueden describir el destino ulterior de Nelson Rodríguez
Leyva y de su obra literaria. En el primero, el narrador
asume una actitud irónica de raíz platónica donde
los poetas son denunciados porque “tuvieron la culpa. Ello
comenzó cuando declararon que todo estaba dicho”. A renglón
seguido plantea el dilema de antiguos y nuevos, o sea,
el peso de la tradición en la obra de sus epígonos: “Y ante
esa afirmación, sólo quedaba el recurso de crear. Pero no
29
existe nada que pueda surgir nada sin que tenga algún antecedente”.
Después de varios experimentos concluyeron que se
debía abolir el pasado (la tradición). Por eso quemaron todos
los libros. Resultado, las personas comenzaron a tratar
de comunicarse luego de que les cercenaron sus lenguas.
Nadie se entendía. Se acabaron las guerras.
Obviamente, algunas tesis de este relato ya se han cumplido
en Cuba: se intentó eliminar y deformar el pasado
pre-revolucionario. Ciertos poetas se dedicaron a inventar
nuevas estéticas para adaptarla a los nuevos tiempos. En el
proceso muchos autores y libros fueron excluidos, censurados
y desaparecidos. En lugar de ponerles fin a las guerras,
éstas se multiplicaron y en algunas de ellas hubo bajas entre
los poetas.
En “La media”, la tejedora había terminado solamente
una cuando de repente fallece. ¿Qué hacer con una obra
incompleta? Al protagonista se le ocurren varias soluciones:
cortarse una pierna, intentar usar la única media como
bufanda pero se da cuenta de que en verdad aquello sería
más bien un corsé. Ninguna de esas opciones le parece recomendable,
salvo que tal vez sería conveniente prescindir
de la pieza y echarla a la basura. Sin embargo, el narrador
conserva su prurito de lealtad a la tejedora y admite que
botarla “sería una ofensa a la memoria de Clara”.
Por todo lo apuntado previamente, debemos, lector,
darle otra vez una muy merecida bienvenida a este libro,
cuyos méritos literarios son indudables, al margen de las
consideraciones personales, jurídicas y políticas antes
consideradas. Qué pena que no sepamos nada del libro de
poemas anunciado, ni de los relatos sobre la UMAP apuntados
por Arenas y Edwards. A lo mejor alguien los va a
encontrar y publicar. Esta esperanza tiene que ver con la
30
actitud del protagonista de “Pesadilla”. Invito a todos a que
la adoptemos como tributo a Nelson. En un instante de suprema
angustia, aquel expresa: “Estoy tratando de no morir
del todo, todavía tengo esperanza de que ocurra un milagro.
¿Un milagro? La última y más desesperada oportunidad de
un muerto”. Que esta reedición de Betania haga posible el
comienzo de su resurrección.
Rafael E. Saumell
Sam Houston State University, Texas
Academia Norteamericana de la Lengua Española
En Texas, siempre en Texas, junio de 2015
Rafael E. Saumell. Profesor y escritor cubano. Graduado de la Universidad de La
Habana ( 1978) y de Washington University (1994). En Cuba, trabajó como traductor
de mesa, guionista y director de programas de radio y televisión. Acusado
y condenado por haber escrito relatos contrarrevolucionarios, cumplió presidio
político desde 1981 a 1986. Por este motivo, la edición de su libro La corte del
supremo espectáculo. Historia de la radio y la TV en Cuba fue destruida por
órdenes de la Dirección de la Seguridad del Estado (DSE). Autor de la novela En
Cuba todo el mundo canta (2008) y del libro de ensayo La cárcel letrada. Narrativa
cubana carcelaria (2012). Actualmente ejerce la docencia en Sam Houston
StateEl regalo_p2 Portada Correcciones 23 Julio 2015

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